
En el renacimiento cuando se ordenaban a los líderes se les decía: “No temas frente a tus enemigos. Sé valiente y recto para que Dios te ame. Protege a tu pueblo y no hagas el mal. Si haces esto solo tendrás el agradecimiento del pueblo, ¡y nada más!
Hoy necesitamos a los mejores regidores y alcaldes, los mejores diputados y senadores. Los mejores soldados y oficiales, los mejores maestros y médicos, los mejores ingenieros y los mejores empresarios y líderes sindicales.
Necesitamos partidos socialcristianos que expresen a la nación, necesitamos una socialdemocracia honesta. Una izquierda realista y una derecha nacional.
Pero, ¿qué dijeron los socialcristianos en el pasado? Es necesario recuperarlos para construir un proyecto nacional de unidad, justicia y libertad.
Nos dijeron en 1984, “no se puede creer, como se ha creído, en la utopía de autocrear el capital mediante la explotación del trabajo y el aumento de las inversiones públicas en manos de burocracias”. Ese camino devino incapaz “de alcanzar siquiera la más elemental acumulación primaria”.
Nos dijeron también, “el primer problema que tenemos es el de constituir una nación porque en realidad somos dos naciones, una mestiza y una indígena, todavía no integrada la una a la otra”.
Advirtieron en 1984 que “la economía social de mercado no puede ser confundida ni con la pura economía de mercado ni tampoco con el modelo de una economía centralmente planificada”.
Por el contrario, sustentaron que “en el perfeccionamiento de la economía social de mercado, la descentralización (…) constituye factor clave”, que “se complementa el sistema con la capacidad del Estado para concertar la planificación y desarrollar mediante ella planes específicos”.
Nos dijeron que los partidos políticos tienen la función “doble y ambiciosa de crear o ayudar a crear las formas de nuestra organización social y política, al mismo tiempo que las formas de nuestra organización económica”. Pero también invitaron a tener en cuenta “que lo que es falso en la práctica no puede ser verdad en la teoría”.

En su última columna en La República antes de iniciar la campaña electoral, Alfonso López Chau responde ante lo que llama dichos sin asidero.

La modernidad que proponemos no es solo tecnológica; es también geopolítica.

“Esa es la verdadera modernidad: aquella que hace de la innovación un acto de justicia y del desarrollo un compromiso con la vida.”

Tenemos que recuperar el Estado del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Los peruanos merecemos más. Hemos resistido demasiadas decepciones y abusos. Recuperar nuestra autoestima ciudadana es un acto de dignidad nacional