Opinión

Dando la hora, por Mirko Lauer

"El descubrimiento de que a Dina Boluarte le gustan los relojes-pulsera ha agitado un poco las manecillas del momento político".

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El descubrimiento de que a Dina Boluarte le gustan los relojes-pulsera ha agitado un poco las manecillas del momento político. Lo que más interés ha despertado es un reloj particularmente costoso sobre su muñeca, y en segundo lugar la variedad de relojes que la presidenta exhibe. Algunos están pensando que hay material para una denuncia.

Pero no hay novedad aquí. Hace ya varios años que el reloj-pulsera está de vuelta en el mundo de la moda, aunque más en la masculina. Pues es casi la única joya costosa que los hombres más convencionales pueden exhibir a toda hora. Los diarios del norte publican suplementos enteros sobre este tema, que incluye a los coleccionistas ricos.

Entre estos últimos estaba Vladimiro Montesinos, al que la justicia incautó un tesoro de relojes costosísimos que, hasta donde sabemos, no llevaba en público. Otro adepto al reloj costoso fue Kim Il Sung, el dictador norcoreano que regalaba piezas Omega de oro macizo. Es fama que Genaro Carnero Checa fue uno de los honrados con ese premio.

Quizás el tema de la colección de Boluarte, que incluye uno de marca costosa, no ayuda a su imagen, pues transmite destellos de frivolidad, aunque se trata más bien de una frivolidad venial, si existe tal cosa. Acaso le convenga mirar la hora solo en su celular por un buen tiempo, o hacerle la pregunta a alguien del séquito.

Ya la están llamando presuntuosa, algo que suele aplicarse a los dueños de relojes muy caros. ¿Pero necesita presumir quien lleva puesta la Presidencia de la República en todo momento? Más que debilidades de la personalidad, habría que reprochar (si eso fuera necesario) debilidades del gusto. Es como andar demasiado vestido por la calle.

Pero ya es tarde para moderarse. Boluarte llevará a cuestas la lujosa marca Rolex por toda la eternidad. Es cierto que desde hace decenios es una de las marcas más pirateadas en el mercado, pero tomará trabajo convencer al público de que el suyo es uno de ellos. Además muchos preferirían que fuera genuino. Mejor costoso que bambeado.

Estamos hablando de algo verdaderamente extemporáneo. Pocos siguen usando relojes-pulsera, que en verdad transmiten el mismo clima de antigüedad que los relojes de bolsillo. Sin embargo su comodidad es evidente, cuando funcionan bien, no importa el precio o la marca.