Caricaturas tutelares de la nación, por Augusto Álvarez Rodrich
Alto mando policial amenaza a la libertad de expresión.

No es primera vez que esta columna defiende a una caricatura ante el embate del poder, y sospecho que no será la última, pues ya es costumbre cada vez más frecuente la reacción reñida con el respeto a la libertad de expresión de amenazarlas, como acaba de ocurrir con la PNP por una caricatura de Carlín en este diario.
La queja consta en un comunicado de anteayer de la policía que empieza definiéndose como “institución tutelar del estado”, un error que sería bueno erradicar de una vez del argot político nacional al que recurren con frecuencia desde políticos hasta editorialistas de periódicos para referirse a las fuerzas armadas y policiales.
Eso de tutelar es lenguaje de siglos pasados que sugiere —según RAE— “custodiar, dirigir, proteger, defender, amparar”, algo impropio en una democracia y que está en la base del reclamo de la PNP por una caricatura que alude al problema obvio para todos de la antigua corrupción en la policía.
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Mejor sería que la PNP señalara en su carta que es una entidad honesta y eficiente, pero eso no sería cercano a la realidad, lo que no implica dejar de reconocer algunas acciones muy positivas que también realiza la policía.
Pero el tema de fondo es el entendimiento decreciente de la importancia para una democracia del respeto a la libertad de expresión, cuyo único límite es la ley interpretada por la justicia.
Especialmente con la caricatura, que es uno de los géneros periodísticos más potentes para disparar un mensaje, y especialmente si el autor tiene la calidad de Carlín, y que ha generado en el pasado reciente quejas y amenazas judiciales por parte no solo de la policía, sino, también, de representantes de la marina de guerra, del tribunal constitucional, del gobierno, del congreso, y hasta de los propios medios de comunicación, entre muchos otros.
Y que ha llevado, incluso, al propio tribunal de ética del consejo de la prensa a cometer el grave error de condenar recientemente una caricatura, que es, por definición, una pieza satírica que deforma la realidad para ridiculizar una situación, un fallo que posiblemente esté alentando ahora más quejas inaceptables en una democracia, como esta de la PNP, a la cual le convendría, por su propia imagen, retirar.







