Opinión

Por la ilusión de un futuro estimulante, por Augusto Álvarez Rodrich

La principal carencia del Perú hoy es la falta de optimismo.

AAR
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Lo más fácil y ocioso en el Perú, al fin de un año complejo y accidentado como 2023, es proyectar futuros catastróficos que consoliden la desesperanza, siendo lo arriesgado hoy plantear matices para imaginar algo distinto gracias a ‘un pesimismo bien informado’.

El modo pesimista de la ciudadanía desde hace siete años se ha profundizado en los últimos tres por el empeoramiento de la economía –caída de ingresos, empleos y oportunidades–, la inseguridad, la corrupción y la desinstitucionalización, perfilando una sensación de declive atribuida por la gente, con razón, a los políticos de todo color.

La desesperanza tiene varios registros, desde el millón que se habría ido al exterior entre 2022 y 2023; o el aumento a la mitad de la población que declara que su situación económica empeoró en el último año, período en el que creció de 38% a 44%, según Ipsos, el sector que cree que el país estará ‘peor/mucho peor’ en los próximos doce meses.

Pero el indicador más fuerte de la desilusión es la encuesta de Ipsos que fue incluida en un documento reciente de opinión de Apoyo Consultoría que eleva a 75% los ciudadanos que creen que el Perú está retrocediendo, con solo 3% que piensa que está progresando, el más fuerte deterioro desde 1990 en que se hace esta encuesta que esta columna usa regularmente como termómetro del espíritu nacional.

Pero optimismo y pesimismo son asuntos relativos. El Perú no está así de mal. Como se suele decir, la peor angustia siempre es la propia. Está, con todos sus problemas, mejor que cuando iba al abismo seguro hasta el 7 de diciembre de 2022 con Pedro Castillo, o que, en 1990, cuando lo destruía el terrorismo de Sendero y el primer gobierno de Alan García, o que en la pandemia asesina de 2020.

El Perú está hoy en crisis, sin duda, con muchos problemas, pero el principal déficit hoy es la falta de optimismo por la pérdida de la ilusión de un futuro mejor, debido a la mediocridad y corrupción del elenco político actual.

Lo cual les sirve la mesa a nuevos liderazgos, honestos y capaces, que podrían aparecer en breve en la cancha política, para ratificar que el Perú, por su naturaleza y resiliencia de su gente, está condenado al éxito. De bastante peores ya hemos salido antes.

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