¿Y qué dice el presidente del Poder Judicial?
Una aclaración rápida hubiera sido necesaria. Ahora parece un silencio cómplice.

Uno de los cargos recogidos por la congresista Patricia Chirinos para empapelar a los miembros de la Junta Nacional de Justicia es el que señala a tres magistrados que habrían presionado, por teléfono y personalmente, al presidente del Poder Judicial, Javier Arévalo, a fin de lograr un pronunciamiento institucional sobre la situación de la ex fiscal de la Nación Zoraida Ávalos, también defenestrada por la representación parlamentaria.
La noticia fue un suelto en un diario recogido por un canal de televisión, ambos citándose mutuamente, para ganar credibilidad. Los mencionados en el artículo desmintieron, mediante comunicado y personalmente, una y otra vez que esa presión se hubiera realizado, menos aún que se llevara a cabo reunión alguna. Por el lado del presidente del Poder Judicial, un enorme silencio, que podía ser interpretado de muchas formas, todas ellas malas para los magistrados de la Junta.
La oportunidad del desmentido ha pasado. La propia presidenta de la JNJ ha dado detalles rigurosos de las ocasiones en las que ha visto a Arévalo, todas protocolares, con personas como testigos y con agendas institucionales. Y, adicionalmente, en otras fechas que las mencionadas.
Los tres magistrados acusados dicen que debe sustentarse fehacientemente el suelto periodístico con algo más que aspavientos televisivos. Se hace necesario que se citen cuáles son los hechos sobre los que se sustentan los cargos. Hay que anotar que, con una celeridad desacostumbrada, la Fiscalía de la Nación abrió proceso indagatorio contra los magistrados por el mismo motivo.
En medio de este cargamontón, ni un solo comentario de Arévalo, silencio oficial del Poder Judicial. Ha sido la doctora Elvia Barrios quien ha tenido que desmentir, diciendo que ella misma le preguntó al presidente del PJ y él le dijo que no había recibido ninguna presión por parte de la Junta.
La pregunta que se cae de madura es por qué mantuvo silencio cuando la batahola mediática, y que ha sido recogida por la congresista chalaca y por la fiscal de la Nación, estaba en todo su furor. El silencio interesado puede entenderse como complicidad, en un momento en que están en grave riesgo la independencia judicial y la separación de poderes.







