2024, por Mirko Lauer
"Dina Boluarte ha mencionado el 2024 como un año difícil".

Dina Boluarte ha mencionado el 2024 como un año difícil. Sin duda estaba replicando los vaticinios de los economistas, para quienes la baja en la inflación no necesariamente va a significar más crecimiento. Pero a la vez podría ser una versión propia del año político que se viene, ese 2024 a su vez como réplica del anterior.
Al haber podido cruzar el pasado 28 de julio Boluarte se ha instalado en un mejor espacio que antes. Los ataques contra ella y su Gobierno siguen igual de duros, pero la guerra de trincheras anti-Dina ha pasado a convertirse en una guerra de desgaste, donde la gestora del Ejecutivo tiene toda la ventaja, si no comete errores irrecuperables.
Hay mucho, incluso muchísimo, que criticar en la actuación de Boluarte. Pero ni los argumentos ni las protestas ni los ataques de estos ocho meses, han logrado descalificarla al 100%. Menos ahora que la votación parlamentaria pasada ha sido en cierta medida un éxito suyo, como encarnación de las relaciones capilares derecha-izquierda.
Cualquier anuncio de adelanto electoral (fin de 2024, 2025) calentaría la pradera notablemente, con las candidaturas opositoras impulsando protestas y viceversa. En cambio el 2026 como horizonte obligaría a los enfurecidos de hoy a ahorrar energías para más adelante. Con adelanto la oposición llega fortalecida; sin adelanto el oficialismo llega desgastado.
Frente a las elucubraciones del párrafo anterior, el 2024 es sobre todo un lugar de tránsito, en el que no se van a decidir las cosas. Pero algunas cosas importantes pueden avanzar, como una cierta recuperación del PBI, algunos diálogos políticos con perspectiva, un alto en el ataque a las instituciones.
Es cierto que falta un semestre corto para llegar al próximo año. Por lo pronto Boluarte ha lanzado un remake del bicentenario: celebremos la batalla de Ayacucho. Ese aniversario en diciembre próximo, con espacio para ser a la vez patriótico e internacional, será la puerta al 2024, por lo menos tal como lo está imaginando la presidenta.
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Pensaremos más en el 2024, y nos prepararemos más en la medida que este rabo del 2023 se nos vaya haciendo insoportable. Además hay el desastre de un Niño Global al 100% por el camino del norte. Solo nos queda desearnos feliz Año Nuevo, desde ahora.
















