Un proceso de desobediencia civil, por Víctor Caballero
La incorporación de nuevos actores sociales y políticos unidos en el objetivo común de un cambio de Gobierno.
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Evaluemos en perspectiva la movilización del 19 de julio del 2023. Quitemos o dejemos de lado el título “Toma de Lima” porque puede generar opiniones controvertidas. No analicemos el impacto de esta movilización por los resultados que algunos esperaban: la caída de Dina Boluarte y del Congreso, puesto que tal objetivo indudablemente no se ha logrado.
Desde mi punto de vista, la movilización tiene que ser vista como el proceso de desobediencia civil, iniciado a partir de la tercera semana de diciembre de 2022, contra la alianza ultraconservadora del Gobierno de Boluarte, el Congreso y los grupos de poder económico que los sostienen.
Es cierto que la movilización no fue superior a la de principio de año, pero hay un hecho nuevo: la incorporación de nuevos actores sociales y políticos unidos en el objetivo común de un cambio de Gobierno y de nuevas elecciones. Sectores y líderes de opinión que antes no se movilizaban, hoy lo hicieron. La evaluación, por tanto, no debe considerar solo la medición de la cantidad de ciudadanos movilizados en Lima el 19.7, sino la confluencia de nuevos actores que se vienen plegando en búsqueda de una salida política a la actual crisis; y no debe centrarse solo en Lima, sino, incluir a las regiones que también esa fecha se movilizaron.
Desde esa perspectiva, lo nuevo de este creciente descontento social, es la posibilidad de reconstruir la alianza antifujimorista que permitió impedir que Keiko y la derecha conservadora consoliden el régimen fujimorista.
Cuando me refiero a reconstruir esa alianza parto de un hecho objetivo: la alianza antifujimorista se rompió porque hubo una voluntad expresa de Perú Libre y los grupos radicales que estaban en el entorno de Pedro Castillo que trabajaron en esa perspectiva. A fin de cuentas fue el desastroso gobierno de Pedro Castillo y su chapucero golpe de Estado quien abrió camino para que la alianza ultraconservadora se hiciera del Gobierno y de los otros poderes del Estado: Congreso, Fiscalía. Pero esa ofensiva conservadora contó también con el entusiasmo apoyo en el Congreso de Perú Libre y de otros congresistas radicales.
¿Es posible reconstruir esa alianza antifujimorista? Eso dependerá, sin duda, de la capacidad de apertura que tengan los diferentes liderazgos de izquierda para construir nuevos frentes con objetivos comunes de lograr el adelanto de elecciones y construir una plataforma común que posibilite el tránsito hacia un nuevo régimen político.
















