Comenzó el Niño Global, por Humberto Campodónico
“Si las emisiones de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono) no se paran, la temperatura del planeta, al 2050, superaría los 2 grados centígrados”.

Hace tres días la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas confirmó formalmente, por primera vez en siete años, que se logró detectar en el océano Pacífico las condiciones para un aumento de las temperaturas y las alteraciones meteorológicas en los últimos meses del año. Casi simultáneamente, las temperaturas en el mundo aumentaron drásticamente, incluida toda América Latina, y el Perú.
Si las emisiones de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono) no se paran, la temperatura del planeta, al 2050, superaría los 2 grados centígrados, causando el calentamiento global con terribles consecuencias: inundaciones, tifones, deshielo de los glaciares, sequías, etc. Pararlas es la misión de Naciones Unidas, confirmada en el Acuerdo de París del 2015.
Casi siempre el tema es tratado de manera científica. Pero hay pocos cálculos de su impacto sobre el crecimiento económico en el largo plazo. Eso cambió en el 2006 con el Informe Nicholas Stern (encargado por Reino Unido), que le puso números: para reducir las emisiones a los niveles necesarios, hay que invertir desde ahora (2006) el 1% del PBI mundial. Pero si no hacen, en el 2050 el PBI global (al 2021 es de US$94 billones) tendría una pérdida del 20%. Enorme.
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En el 2008 la Comunidad Andina también hizo cálculos, con los modelos econométricos de EE.UU. estimó que, si todo seguía igual, al 2025 los cuatro países perderían el 4,5% del PBI total. Individualmente, Bolivia y Ecuador perderían 7,3 y 6,2%, mientras que Colombia y Perú perderían 5,5 y 4,4%, respectivamente (1). Las mayores pérdidas relativas para los dos primeros se explican por “las diferencias en las estructuras productivas de los países”. (Estas cifras deben haber aumentado al 2023).
Aquí aparece una relación inversa entre infraestructura e impacto del calentamiento global. Los países industrializados, que son los que más contaminan, sufren menos, mientras que los países de ingresos medios y bajos sufrirán más. Eso se aprecia, por ejemplo, en las enormes lluvias en Alemania hace dos años (con dos metros de altura en algunos lugares) comparadas con las de Piura. Terminado el episodio los daños en Alemania pudieron ser mitigados de una manera muchísimas veces superior a las nuestras, donde la Reconstrucción con Cambios casi brilla por su ausencia.
También sufre la agricultura que, en países como el nuestro, golpea, sobre todo, a las regiones más pobres en la sierra central y sur. No conocemos de cifras de su impacto en el Producto Bruto Interno (PBI). Y tampoco se sabe mucho acerca del impacto que podrían tener las lluvias en las agroindustrias de la costa, sobre todo en Piura, La Libertad, Arequipa e Ica. Pero ya sabemos que en el 2022 hubo un efecto negativo del 0,5% del PBI según Scotiabank.
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En los últimos años, con la creación del Ministerio del Ambiente, en conjunción con los avances de Naciones Unidas, hemos mejorado en el diagnóstico y las propuestas, así como en la toma de consciencia. El presidente Sagasti destacó la “ambición peruana” de ser un país carbono neutro al 2050. Y el presidente Castillo dijo, en el 2021 en la ONU, que el Perú se declaraba “en emergencia climática”.
Pero de esos anuncios estamos muy lejos. Por eso, el reto tiene que ser horizontal, como lo plantea desde el 2015 en adelante la Estrategia Nacional del Cambio Climático. No es solo el Minam (que comanda la estrategia). Debe entrar Energía y Minas, el MEF, el Midagri, Produce, los Gobiernos regionales, las municipalidades. Todo el Gobierno. También la sociedad civil y la academia.
La estrategia ya está definida y es de conocimiento público. Sabemos también cuáles son las contribuciones nacionalmente determinadas de reducción de emisiones a las cuales el Perú se ha comprometido. Pero los avances son muy pocos, en casi toda la región, siendo Chile uno de los que más ha avanzado.
Este Niño Global nos agarra mal parados. Y puede ser mucho lo que vamos a lamentar, desde pérdidas materiales hasta vidas. Y también grandes pérdidas económicas, como hemos visto. Ya no hay más tiempo que perder. Pero lo estamos perdiendo.
1) El cambio climático no tiene fronteras, Comunidad Andina 2008.

















