"Nosotros seguimos gobernando", por César Azabache
"En una sociedad desdibujada como la que tenemos casi nadie nota que la historia tiene ciclos que irremediablemente se agotan. Boluarte y Otárola están permaneciendo más de lo que duró Merino. Pero ¿por cuánto tiempo?"

Algo cambió entre nosotros en estos dos años. Impuesto por el Congreso en NOV20, Manuel Merino no pudo soportar la presión de las movilizaciones que rechazaron su investidura y tuvo que renunciar después de la muerte de Inti y Bryan. A diferencia de la suya, la investidura de Dina Boluarte no fue percibida en el origen como una imposición.
La cuestión sobre su legitimidad proviene del modo en que ha respondido a las protestas que comenzaron a los pocos días del intento de fuga de Pedro Castillo. Más de 50 muertes; decena y media grabadas, han sido insuficientes para provocar su renuncia y acelerar el final de este ciclo, Congreso incluido. Entonces algo ha cambiado entre nosotros. Y ha cambiado abruptamente. En solo dos años hemos aprendido a tolerar la muerte como un asunto que puede indignarnos, o no, o acaso ya no tanto.
En una sociedad desdibujada como la que tenemos aparecen con frecuencia formas de usar el poder que parecen ofrecidas a un mercado ávido de perversiones. Castillo representó un caso muy particular. Profundamente cínico en su narrativa e intensamente corrupto, Pedro Castillo traficó con todo lo que podía negociarse.
Quiso, sin éxito, entregar la derrama magisterial a su partido y ensambló una red de contactos basada en las prefecturas, mientras intentaba controlar los ascensos militares y policiales y explotaba los vericuetos de los ministerios de Transportes y Vivienda. En el proceso le obsequió un factor de unidad a un sector de la derecha que después de su caída parece haberse apoderado del gobierno de Boluarte, intentando mejorar el corto rendimiento del experimento Manuel Merino.
Sin embargo, el modelo autoritario que resulta de esta nueva versión de autoritarismo supone un Estado dotado de capacidad suficiente para asfixiar protestas por vía de una represión sostenida que no discrimina vándalos de manifestantes y que no exhibe ningún interés en hacerlo. Mejor mantener a las minorías violentistas en las sombras y usar su existencia como coartada para sostener la violencia.
La oferta está hecha. Un Estado militarizado que puede gobernar matando y negando esas muertes de manera descarada. Ni siquiera es necesaria una amnistía. La impunidad puede imponerse por sí misma, confiando en un nuevo piloto automático. Entonces aquí ya nadie renuncia: “Nosotros seguimos gobernando”, dice Boluarte, aunque gobernar se haya convertido en gestionar la impunidad, mientras la salud y la educación, para comenzar, siguen donde estaban o acaso algo más atrás.
PUEDES VER: Alberto Otárola contradice a Dina Boluarte: "No tiene competencia para autorizar o no el uso de armas"

El modelo Castillista falló porque Castillo no tuvo cómo sostener la lealtad de sus cómplices, que terminaron por denunciarlo en estampida. Castillo subestimó la visibilidad de Sarratea y sobreestimó la solidez de los vínculos clientelistas. El modelo de Boluarte aún no colapsa. Pero supone que este Estado, desarmado, subfinanciado y canibalizado, puede sostener el cruel esfuerzo que supone mantenerse en base a una combinación de violencia e impunidad.
Boluarte tiene la enorme ventaja de haber lanzado este proceso fuera del calendario de ascensos policiales y militares. Pero cuando comience ese proceso ¿qué hará? Quienes sean relegados protestarán y si no son satisfechos quizá revelen cosas que ahora no sabemos. Le pasó a Vladimiro Montesinos con la Comaca en los 90. Así aparecieron las fosas de Cieneguilla, entre otras historias. ¿Podrán Boluarte y Alberto Otárola evitar permanentemente una estampida de testimonios sobre las muertes de este ciclo?
Hablamos del tiempo y la sostenibilidad de las cosas. En una sociedad desdibujada como la que tenemos casi nadie nota que la historia tiene ciclos que irremediablemente se agotan. Boluarte y Otárola están permaneciendo más de lo que duró Merino. Pero ¿por cuánto tiempo?





