Moviendo billete, por Mirko Lauer


Hasta aquí hemos visto a la delincuencia entrar a la política por la puerta grande. En estas semanas, estamos viendo cómo entra por la puerta chica. La suma de protesta y estrechez económica le ha dado una inédita oportunidad. Al delito económico le está bastando ponerse al lado de las genuinas movilizaciones políticas para alcanzar sus objetivos.

El principal beneficio para la delincuencia es el debilitamiento de la institucionalidad en las zonas donde opera. Esto significa, sobre todo, arrinconar a las fuerzas del orden, sistema judicial incluido. Los intereses sectoriales son variados, pero el propósito es el mismo, e incluye cobrarle cuentas pendientes a quienes persiguen el delito.

En realidad, es mucho más práctico y cómodo dedicarse a tomar los cargos electivos desde donde se deciden las cosas. Pero uno de los elementos de la actual crisis ha sido que una corrupción acumulada coloca al sistema judicial cada vez más en el centro de los acontecimientos. Una parte de lo que llamamos vandalismo es una protesta contra eso.

Algo que ha llamado mucho la atención desde diciembre es la desembozada abundancia de recursos en determinados aspectos de la protesta: multitudes capaces de seguir en la calle día tras día; medios de transporte para formas de intervención rápida; cuadros que dan toda la impresión de profesionalismo en la violencia.

Ahora que las cosas se están calmando un poco, en algunas localidades empiezan a aparecer filas de jóvenes que parecen visiblemente a la espera de un encargo remunerado. Los costos y los riesgos de la movilización contra la Policía no son los de una olla común, y cabe preguntarse qué combustible está impulsando qué insistencias en protestar.

En estos días, han aparecido noticias sobre sistemas de extorsión a camiones bloqueados en la carretera. No es la gran economía delictiva, pero tampoco son pájaros fruteros. Empezada la extorsión es fácil tomarle el gusto. Solo se necesita un pretexto y un bloqueo. Con la ventaja de que los matones en ese negocio se financian solos.

Una hipótesis sobre la limitadísima presencia de líderes políticos en las protestas es que el grado de control que tiene la delincuencia sobre el terreno los ha desanimado. Además, sienten —dice la hipótesis— que igual cosecharán los frutos después de la jornada. Candorosas esperanzas.