Trastorno de ansiedad noticioso
“¿Qué hacer cuando los hermanos —el Congreso— se encierran en una competencia de irresponsabilidad y rapiña, como si nada estuviera sucediendo allende las murallas del palacio legislativo?”.

Muchas personas me refieren estos días la angustia que experimentan cuando se enteran de las noticias cotidianas en el Perú. Al mismo tiempo, les resulta imposible dejar de estar pegadas a esas fuentes de información —o desinformación— causantes de su estado de zozobra. Como en cualquier adicción a una sustancia tóxica, la certeza del daño producido a su mente u organismo no es suficiente para detenerlas.
Por el contrario, las impele el temor a perder el control de la situación, en caso pierdan el hilo —cualquiera sea el que hayan elegido— de los sucesos, en general funestos. Cuando les pregunto por esto, me responden que temen perder el control de las cosas. Luego agregan, sin necesidad de que se los haga notar, que están conscientes de estar atrapadas en el vórtice de una delusión, pues saben pertinentemente que no tienen control alguno sobre los acontecimientos.
Algunas de estas personas, en el consultorio, me piden mi opinión —pedido al que subyacen varias capas que los psicoanalistas conocemos o deberíamos conocer—, y nunca me ha resultado más fácil frustrar la omnipotencia de responder, pues no tengo la menor idea de lo que nos va a ocurrir.
Lo cual no me impide preguntarme, trasladando el encuadre del consultorio a la escena política, sobre el papel de quienes representan los roles de padres y hermanos en las altas esferas del poder.
¿Qué sucede cuando la madre —Boluarte— y el padre —Otárola— optan por una respuesta sádica, discriminadora e insensible? ¿Qué hacer cuando los hermanos —el Congreso— se encierran en una competencia de irresponsabilidad y rapiña, como si nada estuviera sucediendo allende las murallas del palacio legislativo? Subrayemos que aquí se da la esperada confluencia entre derecha e izquierda, solo que en pro del mal común.
Mientras tanto, el país se desangra en una sucesión de hechos violentos y muertes de los ninguneados de siempre, la mayoría como consecuencia de las órdenes recibidas por la Policía y también, sin duda, por la presencia de minorías delincuenciales de azuzadores y promotores del caos para su beneficio.
El informe de Juan Pablo León, de El Comercio, explica con detalle los actos delictivos de las mafias extorsionadoras en el bloqueo de carreteras en la zona de Virú.
Nuestra frágil democracia está muriendo y la angustia arriba referida es, a pesar de todo, un síntoma adecuado a lo que está ocurriendo. Tristemente.





