Opinión

Cerrar el Congreso, ¿qué es eso?

“El Congreso convertido en mercado persa para las compras de Pedro Castillo no molestó a la derecha mientras ella mantuvo su mayoría; tampoco se quejó la izquierda. Pero fuera del hemiciclo el gran público fue absorbiendo los ataques cruzados y convirtiéndolos en una sola idea: todos deben irse...”.

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¿Qué quiere decir cierren el Congreso? Para los fans de Pedro Castillo en las calles, se trata de una simple consigna de revancha: ellos lo vacaron, nosotros los cerramos. Así la cancha quedaría pareja, sin perdedores ni ganadores. Al final ningún bando es más culpable que el otro. Es un pensamiento que no lleva a ninguna parte, salvo quizás a la comisaría.

El Congreso no le cae simpático a casi nadie, pues allí están los personajes por los que no hemos votado. Cuando esos personajes rivales son mayoría, la tirria naturalmente empeora. De modo que no existe “el Congreso”, sino más bien únicamente “mi Congreso”. Añádase a esto que los bandos nunca están tan claros.

El Congreso convertido en mercado persa para las compras de Pedro Castillo no molestó a la derecha mientras ella mantuvo su mayoría; tampoco se quejó la izquierda. Pero fuera del hemiciclo el gran público fue absorbiendo los ataques cruzados y convirtiéndolos en una sola idea: todos deben irse, incluidos aquellos por los que voté.

Pero hay algunas cosas a tomar en cuenta. Por ejemplo, que los fans de Castillo no van a obtener un Congreso ideológicamente tan a su favor como lo ha venido siendo este. Una de las causas estará precisamente en los disturbios de estos días. Pero ellos solo ven que cerrar el Congreso es igual a quitarle su mayoría a la derecha.

Otro factor a tomar en cuenta es que los 100+ votos que vacaron al Castillo golpista llegaron de todas partes, coincidentes en la furia contra su enemigo, pero a la vez representantes de casi todo el espectro político. Cabría preguntarse entonces, ¿qué es lo que se desea cerrar? Eduardo Ballón sugiere que el orden político en su totalidad.

Martín Vizcarra, que hizo el tramo final de su fortuna política cerrando el Congreso, no logró entregarle al país uno mejor. Más bien atrajo sobre sí los odios al Congreso en cuanto institución política. En el Perú hay que ser muy demócrata y liberal para apreciar organizaciones donde hay personas que no coinciden con uno.

Sísifo suda en este tipo de reclamo. Los cerradores de Congresos o los vendedores de Constituciones están condenados a la repetición de sus reclamos una y otra vez. Nada los sacia. Salvo, quizás, ser elegidos a un Congreso ellos mismos.

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