Opinión

La pesadilla del doctor agüita, por Raúl Tola

“El gobierno no ha tenido mejor idea que ubicar a este promotor de medicinas pseudocientíficas como el menjunje llamado agua arracimada...”.

Guiado por la desesperación, por la necesidad de supervivencia, por el cuoteo más primario, Pedro Castillo ha entrado en una espiral de errores garrafales que parecen conducirlo inevitablemente al final anticipado de su presidencia. Si el nombramiento de un agresor de mujeres como Héctor Valer en la Presidencia del Consejo de Ministros era una afrenta inaceptable para un país con los altos índices de violencia machista como el nuestro, la incorporación de Hernán Condori a la cabeza del Ministerio de Salud es un insulto para las más de 200 mil víctimas mortales de covid que hicieron al Perú el lugar más asolado por la pandemia del mundo.

Aunque parezca obvio, conviene comenzar diciendo que las alianzas políticas no son malas. De hecho, resultan indispensables para que gobiernos como el de Castillo –con minoría en el Congreso– tengan un margen de maniobra y estabilidad mínimos. Estas se presentan en todas partes: en España con la alianza PSOE-Podemos; en Alemania con la de liberales, ecologistas y socialdemócratas; en el Perú del 2001 con el pacto de gobernabilidad Perú Posible-FIM.

El problema en el gobierno no es la coalición de izquierdas que integra a las alas magisterial y cerronista de Perú Libre, a Juntos por el Perú y a Perú Democrático. Ni siquiera es que, como resultado de sus malas elecciones y carencia de cuadros, estos grupos alimenten con técnicos mediocres y políticos de mala calidad al gabinete. Es que lo hagan con prontuariados, mafiosos, personajes con una agenda contraria a sus ministerios o con impresentables de marca mayor.

En este último grupo se ubica el señor Hernán Condori. El gobierno no ha tenido mejor idea que ubicar a este promotor de medicinas pseudocientíficas como el menjunje llamado agua arracimada, investigado por una fiscalía anticorrupción de la provincia de La Merced, defensor de la azitromicina, de la ivermectina y obstetra sin licencia, como reemplazo de Hernando Cevallos, responsable del proceso de vacunación, uno de los contadísimos logros del gobierno.

¿El resultado? Una nueva avalancha de críticas elementales –desde la prensa, pero también desde el propio Colegio Médico del Perú que pide la salida inmediata de Condori– que se suma a las renuncias masivas del Equipo Consultivo de Alto Nivel encargado de la ejecución del Plan Nacional de Vacunación o del viceministro Gustavo Rosell, y que se traduce en una nueva oleada de inestabilidad para un gobierno que no puede permitírsela.

Un gobierno que ha resignado la gestión del país para dedicar todas sus fuerzas a durar un día más y que, como es obvio, no puede ni soñar con una agenda de izquierda, menos con el delirio comunista de Vladimir Cerrón (lo más parecido a una reforma de este corte fue la propuesta tributaria de Pedro Francke, que hoy nadie recuerda). Un gobierno espectral, que perdió todas y cada una de las oportunidades que tuvo y ahora paga por ello.

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