Opinión

Agua para San Juan de Lurigancho

El distrito más poblado del Perú soporta no solo cortes de agua, sino servicios públicos de mala calidad.

Ayer, Sedapal anunció el corte de servicio de agua potable por cambio de tuberías en San Juan de Lurigancho. Todo más o menos normal hasta allí, porque se trata de una labor constante que se debe desarrollar en diferentes puntos de una ciudad como Lima para garantizar el servicio. El problema fue que esa jurisdicción ya estaba sin ese recurso desde el último sábado y se trata del distrito más poblado del Perú, con más de un millón de habitantes.

Ante la presión de la denuncia y el reclamo ciudadano, se enviaron camiones cisterna para distribuir el agua gratuitamente, lo cual provocó adicionalmente una aglomeración de gente, en medio de la pandemia y el anuncio de una tercera ola. En plena emergencia sanitaria, con un protocolo que recomienda el lavado constante de manos, es imposible que se corte el vital elemento y no se diga claramente cómo se va a proveer la atención de emergencia. Para todos, la información oficial ha sido pobre y confusa.

Un comunicado tardío de Sedapal, publicado en su web, daba cuenta de que dispondrían de algunas horas de abastecimiento del servicio de agua. Esta información llegó cuando las grandes colas y el tumulto crecían y ya empezaban el desorden y el aprovechamiento de la carestía. Los abastecedores están vendiendo el agua a 30 soles el cilindro, y una familia, luego de colas desde las 2 de la mañana, tiene que pagar una fortuna en taxis para acarrear los baldes hasta el hogar.

No es la primera vez que algo así ocurre en la zona. San Juan de Lurigancho es víctima constante de aniegos y rotura de pistas, de reparaciones interminables, cierre de calles y cuanto problema con los servicios públicos exista. No podemos dejar de recordar cuando, por las obras del proyecto Línea Amarilla, cerraron durante más de un año el acceso al populoso distrito desde Acho, y las colas de autos y ómnibus llegaban hasta el Rímac, cada día.

Es cierto que Lima está asentada en un desierto y que las lluvias a veces no llegan a tiempo ni en cantidad suficiente para llenar las reservas de agua. Sin embargo, el distrito más grande del Perú, y al que apelan todos los políticos cada vez que hay elecciones, no puede seguir siendo relegado ni desatendido, como si lo habitaran ciudadanos de segunda categoría. No es saludable ni habla bien de nuestra democracia.

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