A un primer ministro
“Señor Bellido, el pueblo también son las mujeres, los gays, lesbianas, travestis, los trans, las disidencias...”.

Nadie nace feminista. Nadie nace aliado. Nadie nace asimilando la lucha LGTBIQ+, aunque nos acercamos un poco en los primeros años de vida, cuando no somos conscientes de los estímulos sexistas a los que nos someten nuestros padres y madres, el colegio, la religión, la televisión y la publicidad. Pero después, cuando interiorizamos y naturalizamos estos discursos, la deconstrucción es el camino para construir una sociedad más igualitaria.
Entender que nos impusieron una concepción del mundo, del amor y de la gente totalmente binaria, machista, excluyente y que odia lo diferente es un proceso individual y único. Pero cuando eres una autoridad, un primer ministro de un Gobierno que representa, como tanto lo han dicho, al pueblo, esta evolución es necesaria y urgente.
Porque, señor Bellido, el pueblo también son las mujeres, las personas no binarias, los gays, las lesbianas, los travestis, los trans, las disidencias y poblaciones que somos consideradas, aún, vulnerables, según el propio Estado y los diversos convenios internacionales a los que el Perú está suscrito. Reconocer el acceso legítimo a la identidad, a la decisión sobre el propio cuerpo, a poder unirse en matrimonio, a formar una familia (que también son diversas) no es forzar pensamientos ni conductas, sino otorgar ciudadanía y autonomía, derechos que deben pertenecer a todas las peruanas y peruanos.
Porque la imposición es, en realidad, instituir bajo sesgos machistas y homofóbicos un solo modelo de familia, una sola forma de amar, de vivir. Porque esperar a que una sociedad formada en la desigualdad esté preparada para reconocer los derechos que corresponden a poblaciones históricamente discriminadas es condenarlas a vivir en sometimiento. Porque los derechos no se consultan, se otorgan.
Aproveche la oportunidad histórica de reparar a quienes fueron y siguen siendo despreciadxs. Escuche, discuta, ceda, comprenda. Porque, por suerte, “la humanidad se va desarrollando y uno va aprendiendo”. Lo dijo usted.




