Opinión

Una atrocidad preelectoral

“Eliminar el problema del Vraem no ha sido hasta ahora parte del debate electoral. Quizás porque después de tantos años la tarea, a pesar de los avances logrados, parece…”.

Al colocar al terrorismo de lleno ante la mirada pública en un momento clave, la masacre de Vizcatán seguramente afectará a Pedro Castillo. Las personas ligadas a Perú Libre con un real o atribuido pasado senderista de pronto pasan a tener otro tipo de importancia. La campaña de temor a la izquierda se va a fortalecer en estos días.

No hay manera de considerar que el asesinato cometido está desvinculado de la próxima elección. Lo sucedido en Vizcatán parece una sangrienta parodia de la quema de ánforas y padrones en Chuschi, Ayacucho, hace 41 años. Fue un acto antielectoral con el que SL lanzó su lucha armada contra el Estado peruano.

El SL del VRAEM realizó emboscadas en las vísperas electorales del 2011 (donde tenía opciones un candidato de izquierda), el 2014 y el 2016, todos ellos con víctimas entre las fuerzas del orden. Los atentados contra lo electoral fueron su manera de mantener encendida la llama de 1980. Lo que acaba de suceder no es, pues, una excepción.

¿Qué necesidad tenían las columnas del VRAEM, mitad senderistas y mitad narcotraficantes, de hacer este acto de presencia? ¿Fue una torpe manera de asociarse a la buena estrella de Castillo? ¿O de perjudicarlo, buscando impedir un gobierno izquierdista surgido de las urnas? Sin embargo, el llamado a no votar por Fujimori complica el asunto.

Las columnas criminales del VRAEM han ido sobreviviendo gracias al terreno escarpado en que operan, a los recursos del narcotráfico, y a cierto manto de silencio que por largos periodos ha cubierto sus actividades. La publicidad nunca ha sido su mejor aliada, y al negocio de la droga siempre le ha ido mejor actuando solapadamente.

El SL del VRAEM ha venido sufriendo bajas importantes a lo largo de estos últimos decenios, pero sus remanentes han logrado mantener la producción y exportación de droga. Esto es algo que podría llamarse una zona liberada para el narcotráfico, y una zona de refugio para sus sicarios que actúan con argumentos ideológicos.

Eliminar el problema del VRAEM no ha sido hasta ahora parte del debate electoral. Quizás porque después de tantos años la tarea, a pesar de los avances logrados, parece imposible. Sin embargo un grupo subversivo armado capaz de sobrevivir, también puede ser capaz de crecer.

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