Hernán Chaparro

Hernán Chaparro

La otra orilla
Profesor e investigador de la Universidad de Lima.

Más del columnista

Hernán Chaparro

El virus político de la corona23 Feb 2021 | 3:51 h

Hernán Chaparro

¿Populismos en escena?16 Feb 2021 | 4:53 h

Hernán Chaparro

Mano dura y voto09 Feb 2021 | 5:55 h

Hernán Chaparro

¿Un centro sin candidato?02 Feb 2021 | 5:12 h

La confianza magullada

“Usar los medios sociales como si fueran la TV será un error. Igual se podría buscar otros mecanismos y canales para gente con menos acceso o familiaridad con internet...”.

¿El próximo Congreso puede ser algo diferente? ¿De qué depende? Uno de los grandes problemas, no el único, es la fragmentación dentro de una cultura política partidaria donde cada uno está buscando canalizar sus propios intereses.

¿Es posible un Congreso menos disperso? En la elección anterior se asumía que la fragmentación en la intención de voto era por la falta de candidato a la presidencia. La ausencia de ese supuesto motor se asociaba incluso al poco interés por el proceso. En las elecciones del 2020 el 40% dijo, una semana antes, que votaría blanco o viciado. Sin embargo, el rechazo a los congresistas de ese momento llevó a que se viera con esperanza lo que asomó como alternativa. Finalmente, los resultados oficiales de votos blancos y nulos fueron semejantes a los de elecciones anteriores. La gente igual marcó algo, pero de manera muy fragmentada. Ya sabemos los resultados.

Ahora, así como el fujimorismo en el 2016, los grupos que llegaron al Congreso en el 2020 no pudieron ver el mediano plazo para hacer una oposición que les permitiera mejores posibilidades de llegar al poder en la siguiente elección. El objetivo era la ganancia del momento. La distancia con la oferta electoral aumentó a pesar de que, de acuerdo con las encuestas, el interés por la política se incrementó. Eso está claramente vinculado con otros estudios que indican que el apoyo general a la democracia es mayor a la satisfacción con la misma. La demanda está, pero al otro lado creen que propuestas demagógicas y clientelistas (no populistas) van a ayudarlos electoralmente. No se dan cuenta de que el pillaje y el mercantilismo, en este mundo hipercomunicado y con mayor demanda de horizontalidad, saltan fácil a la palestra. Ahora hay candidatos presidenciales y el ánimo ciudadano sigue en el mundo del blanco/viciado. Los candidatos, y en general las agrupaciones, deben recordar que hay gente esperando coherencia, alternativas creíbles, pero, es cierto, en un mar de bien ganada desconfianza. Esperemos que en enero las propuestas sean un tema de agenda, que los medios ayuden a ello y que el debate se eleve. Pero en ese debate de propuestas un tema que los candidatos deberían destacar es la composición de su lista congresal, a quiénes están llevando con ellos. Qué se plantea para reactivar o conducir la economía, el rol del Estado, qué hacer con la salud, la reforma política, entre otros, serán asuntos importantes, pero lo será más aún qué proponen para recuperar la confianza en general y en los congresistas en particular. Eso no es un tema de textos o planteamientos solamente. Tampoco de difusión de mensajes.

La mitad del electorado tiene 39 años o menos, accede con facilidad a medios sociales. Las agrupaciones interesadas podrían hacer un esfuerzo de transparencia y desarrollar espacios de interacción con sus candidatos para que la población de cada región se relacione con quienes se están presentando. No hay que vincularse con 130, solo con los de cada región. Es cierto que son 24 agrupaciones, pero la gente suele decidir entre dos o tres. El tema es que tiene que ser de fácil acceso, diseñada de forma amigable y, por qué no, entretenida (no confundir con bailecitos). Usar los medios sociales como si fueran la TV será un error. Igual se podría buscar otros mecanismos y canales para gente con menos acceso o familiaridad con internet. En las elecciones al 2016 los partidos dijeron que habían realizado filtros y aparecieron personajes vinculados a diversos negocios turbios. En el 2020 muchos pusieron en evidencia que llegaron al Parlamento para afianzar negocios o intereses grupales. No en todos los casos, pero ya el asunto dejó de ser individual para constituirse en asalto colectivo. Hay que mirar a los nuevos candidatos al Congreso y quienes postulan deben ayudar con creatividad y transparencia.