Los ambulantes
No perseguir sino ordenar y reordenar con alternativas.

Un efecto inmediato de la pandemia y la crisis económica es la irrupción masiva de ambulantes en las calles de Lima de los principales distritos, y la falta de agilidad del Estado tanto para impedir las aglomeraciones que esta actividad implica como para satisfacer la demanda de orden y seguridad entre los ciudadanos que viven en las zonas invadidas por el comercio ambulatorio.
Lo primero que debe reconocerse es que los ambulantes son trabajadores; son ocupantes precarios de la vía pública que laboran en el contexto de una delicada situación donde se combina la pérdida de empleos e ingresos y la clausura de negocios como parte de la lucha contra la pandemia de la Covid-19.
Tiene razón el alcalde de Lima, Jorge Muñoz, cuando considera que la solución no es desalojarlos sin brindarles alternativas para que se conviertan en formales o para que esta actividad se lleve a cabo sin riesgos de salud y seguridad.
El comercio ambulatorio no es reciente; es un producto de la desordenada expansión de las ciudades y de la migración, y arrastra como fenómeno y problema una historia de éxitos y fracasos, de modo que un segundo reconocimiento se refi ere a las lecciones aprendidas.
La salida se ubica por el lado de las alternativas que deben promover las autoridades, en este caso, las ediles en coordinación con las autoridades nacionales. Las primeras acciones se han llevado a cabo en el caso de Lima, de las que da cuenta este diario. Así, mientras un grupo de comerciantes empezaba a vender sus productos en el parque zonal Huayna Cápac de San Juan de Miraflores, como lo había dispuesto el Gobierno el último fin de semana, otro tomaba el parque El Porvenir, en La Victoria, y otro grupo ocupaba las calles cercanas al Estadio Nacional y a Polvos Azules. Ello implica la complejidad de un problema que solo ha empezado o reiniciado con fuerza.
Puesto que la idea no es perseguir sino ordenar y reordenar, sigue siendo necesario que la autoridad establezca zonas rígidas, con alternativas y protocolos de sanidad para el caso de los traslados. En el caso de la capital, lo sucedido con el traslado de los ambulantes al parque Huayna Cápac puede ser replicado en otras zonas de Lima, en un enfoque donde ciertamente la autoridad distrital no tiene las competencias suficientes.
Finalmente, no puede abandonarse el componente de la seguridad; un reordenamiento de emergencia no puede renunciar a garantizar las medidas sanitarias de vendedores y compradores para frenar los contagios y combatir en ese entorno el delito común.




