
El nombre de Aileen Wuornos todavía provoca escalofríos en la memoria colectiva de Estados Unidos. Su historia, llena de tragedias desde su niñez, giró hacia un lado oscuro que terminó en su ejecución en la cárcel estatal de Starke, Florida. Fue condenada por el asesinato de siete hombres entre 1989 y 1990, convirtiéndose en la primera asesina serial reconocida públicamente en el país.
Una decisión judicial dictó que sus crímenes fueron premeditados. Sin embargo, Wuornos mantuvo hasta el momento de su muerte que actuó en legítima defensa. Su vida de pobreza y abandono, de malestar y violencia se tornó hacia uno de los juicios de mayor exposición mediática del siglo pasado. El juicio, los testimonios y sus propias palabras alimentaron un debate que iba más allá del propio crimen, en el sentido de hasta qué punto el sistema se había equivocado en prevenir lo sucedido.
Nació en febrero de 1956, en un hogar que pronto se convirtió en un infierno. Su madre la dejó cuando era apenas una niña, y su padre, condenado por delitos sexuales, se quitó la vida en prisión. Criada por sus abuelos, Aileen fue víctima de maltratos físicos y psicológicos. A los 14 años quedó embarazada tras una violación y fue enviada a una casa de acogida.
Apenas entró en la adolescencia, empezó a vivir en las calles. Sobrevivía intercambiando favores sexuales por comida, techo o algo de dinero. Los arrestos por conductas menores se volvieron frecuentes, y con el paso de los años, su mundo se redujo a moteles de carretera, armas, y una desconfianza creciente hacia los hombres. Fue en ese contexto donde comenzaron los asesinatos.
Los cuerpos de siete hombres fueron hallados en zonas rurales de Florida, todos con heridas de bala. Wuornos admitió haberlos matado, pero aseguró que lo hizo para protegerse de agresiones sexuales mientras ejercía la prostitución. Sin embargo, el tribunal no aceptó esa versión. El argumento de la fiscalía fue claro: ella mataba para robar.
Fue sentenciada a muerte y, con el paso del tiempo, su salud mental comenzó a deteriorarse. Daba entrevistas donde decía escuchar voces y que quería morir. Finalmente, en octubre de 2002, fue ejecutada por inyección letal. Su caso, tan complejo como perturbador, sigue siendo materia de estudio en criminología, justicia penal y hasta en el cine, que la retrató como una figura trágica atrapada en sus propios conflcitos.

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