
Las culturas prehispánicas del Perú preservaron la memoria de la vida en las piezas que sobrevivieron al tiempo. Algunas de esas representaciones han llegado hasta nuestros días, desde lo más cotidiano hasta lo más sagrado. Entre ellas figuran imágenes de la fertilidad como parte de una visión del mundo en la que tenían un lugar central.
Contra esa riqueza, la senadora Milagros Jáuregui, de Renovación Popular, ha propuesto prohibir la exhibición de los huacos de la cultura moche en Trujillo. La parlamentaria argumenta que su contenido resulta dañino para la infancia. Sin embargo, desconoce que esas piezas forman ya parte del patrimonio cultural de la nación. Y, sobre todo, que se exhiben en museos desde hace décadas como testimonio de una civilización que precedió al Perú y floreció en lo que hoy es el norte del país por aproximadamente 7 siglos.
Además, resulta curioso cómo ante los daños concretos a la infancia que se producen en diversas regiones nunca se pronuncia. Entre algunos, los niveles inaceptables de violación sexual a menores, además de la persistencia de la maternidad forzada de niñas. Sobre esos hechos, ella y la bancada de Renovación Popular guarda silencio, del mismo modo que lo hace ante los comentarios con connotación de violación sexual formulados por su propio líder, Rafael López Aliaga, y por su asesor en temas de seguridad, el comediante Carlos Álvarez. Para muestra, esos botones de incoherencia entre lo que se censura y lo que se tolera definen el perfil político de esa agenda.
La ciudadanía, en tanto, tiene pendientes de otra magnitud. Los peruanos que dependen del transporte público invierten hasta cuatro horas diarias en desplazarse, tiempo que recortan de su bienestar y de sus posibilidades de seguir produciendo. Una proporción significativa de la población enfrenta además cada día la posibilidad de no tener un plato de comida en la mesa al día siguiente. El endeudamiento de los hogares crece en un mercado financiero con poca competencia.
Esa brecha entre la agenda visible del bloque y las urgencias ciudadanas es el resultado de una política que posterga las prioridades reales. Los ciudadanos que esperan respuestas sobre el transporte y la alimentación reciben, en cambio, proyectos sobre lo que los museos deben o no exhibir, o peor aún, leyes que desbaratan reformas que apuntan a las causas medulares de los sistemas de violencia que persisten en la sociedad.

Senadora Jáuregui promueve censura de huacos moche mientras los problemas que afectan la vida cotidiana de los peruanos siguen siendo postergados.

La indecisión del organismo electoral frente a la reelección encubierta dejará a Lima y a otros 20 municipios del país sin alcalde oficial al momento de la juramentación.

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El 84% de los peruanos sabe que el país es gobernado para unos pocos y esa constatación es el primer paso para exigir mayores espacios de participación ciudadana en las decisiones públicas.

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