
El caso del Liceo Naval ha reavivado una preocupación que trasciende a esta comunidad educativa. La denuncia de una presunta agresión sexual contra un estudiante por parte de varios compañeros nos enfrenta a una realidad incómoda: la violencia entre escolares existe, adopta diversas formas y con frecuencia permanece invisibilizada. Más allá de las responsabilidades que las investigaciones deberán determinar, este hecho nos obliga a reflexionar sobre el acoso, las dinámicas de poder y la normalización de ciertas conductas dentro de nuestras escuelas.
La violencia se ha convertido en uno de los problemas sociales más graves del país y los colegios no son ajenos a esta realidad. Según la plataforma SíSeVe, del Ministerio de Educación, durante 2025 se registraron más de 19600 casos de violencia escolar en el Perú. Lejos de disminuir, la tendencia se agravó durante 2026: entre enero y agosto se reportaron 11805 casos, la cifra más alta para ese período desde que existen registros.
Lo más preocupante es que más de ocho mil de estos reportes corresponden a agresiones entre estudiantes y que la violencia sexual es la modalidad que más ha crecido, con un incremento superior al 35 % respecto al año anterior. Detrás de cada cifra hay historias de abuso, intimidación, ciberacoso y humillaciones que afectan el bienestar físico y emocional de niños y adolescentes.
Cuando la violencia no es ficción
En 1963, Mario Vargas Llosa publicó La ciudad y los perros, y muchos lectores interpretaron sesgadamente que la violencia retratada en el colegio militar era una realidad exclusiva de los internados castrenses. Sin embargo, más de seis décadas después, la novela conserva una inquietante vigencia. Aunque los modelos educativos han evolucionado, aún no hemos logrado construir una cultura escolar donde el respeto, la empatía y el cuidado mutuo ocupen un lugar central.
En la novela, los alumnos más vulnerables son objeto de burlas, humillaciones y agresiones constantes. Quienes no encajan en los códigos de rudeza impuestos por el grupo dominante son aislados y convertidos en blancos fáciles del abuso. La violencia no surge únicamente de individuos agresivos, sino también de una cultura que premia la intimidación, el silencio y la demostración de poder. Quizá estas dinámicas han saltado de la ficción a la realidad.
Debemos entender que estas formas de violencia no solo ocurren en los patios y salones, sino también en los espacios virtuales que acompañan la vida cotidiana de los estudiantes. Muchas veces creemos que nuestros hijos no las sufren porque simplemente no las cuentan. Por ello, el desafío sigue siendo el mismo: reconocer la violencia antes de que se normalice, denunciarla y construir comunidades donde el respeto tenga más fuerza que el miedo.
Frenando a la jauría
Si bien los manuales docentes establecen orientaciones claras para prevenir situaciones de violencia, resulta fundamental fortalecer la educación socioemocional y la empatía. Asimismo, es necesario implementar mecanismos eficaces para detectar e intervenir tempranamente ante cualquier forma de violencia, promoviendo una cultura basada en la solidaridad, el respeto y la inclusión. Sin embargo, uno de los aspectos más importantes es garantizar que los estudiantes sepan que pueden denunciar de manera segura y sin temor a represalias.
Desde esta perspectiva, es indispensable promover una cultura de la denuncia y del cuidado mutuo dentro de la comunidad educativa. En ese sentido, el Programa Integral para la Prevención de la Violencia en los Entornos Escolares (PREVI), orientado a fortalecer el autocuidado, la protección entre pares y la construcción de entornos seguros, debe implementarse de manera efectiva para consolidar espacios donde prevalezcan el bienestar colectivo, el respeto y una convivencia saludable.
De igual manera, la Educación Sexual Integral (ESI) constituye una herramienta clave, ya que ayuda a reconocer situaciones de violencia, comprender la importancia del consentimiento y los límites personales, cuestionar estereotipos de género y actuar adecuadamente frente a situaciones de riesgo. Más que reducir su presencia en las escuelas, es necesario fortalecer su implementación como parte de una estrategia integral para construir comunidades educativas más seguras y respetuosas.
No obstante, estos esfuerzos no bastan por sí solos. Aún queda mucho por hacer para prevenir la violencia de manera efectiva y garantizar que las escuelas sean espacios donde todos los estudiantes puedan desarrollarse con seguridad, dignidad y confianza.

“La belleza también atraviesa mi investigación como un ideal social que condiciona cómo nos percibimos y somos percibidos. Responder a determinados estándares puede abrir puertas, pero también generar prejuicios y encasillamientos. Al utilizar mi cuerpo como medio de expresión, mi obra corre el riesgo de ser interpretada únicamente desde la apariencia, sin atender a los cuestionamientos que plantea. La belleza puede atraer la mirada, pero también limitar lo que somos capaces de ver”.

"Brasil sigue siendo una potencia regional con un importante potencial para asumir un papel más protagónico en el sistema internacional, por lo que el Perú debería apostar por una relación basada en el pragmatismo y los intereses compartidos"

La exhibición reúne a un grupo de creadores con base en ambas ciudades -la mayoría provenientes del ámbito fotográfico, y otros identificados con medios más disímiles- que nos presentan proyectos que se detienen a analizar la alteración de estos dos territorios, irrumpiendo no solo en el paisaje de la ciudad, sino también en el paisaje suburbano, y sus dinámicas socioculturales.

Aunque no hay consenso para una nueva reforma constitucional, el licenciado en Derecho sugiere potenciar conferencias bicamerales para manejar discrepancias y mejorar el proceso legislativo. Esto podría restaurar la integridad del sistema.

Se cree que la lectura termina cuando se cierra el libro; sin embargo, en realidad, el aprendizaje apenas comienza. Para miles de estudiantes peruanos, el verdadero problema surge cuando deben utilizar lo leído para explicar lo entendido de manera literal, inferir una idea o formular una opinión. La comprensión lectora continúa siendo una brecha educativa que limita el desempeño escolar y, sin lugar a dudas, la participación ciudadana de nuestros estudiantes.