La democracia debe exigir respeto a su libertad

El país que elegimos exige peruanos que puedan hablar, opinar y protestar sin temor.

Una democracia se sostiene en la libertad de sus habitantes. Y cuando se habla de cuál es la primera que debe garantizarse es la de expresión, la cual avanza solo cuando se ejerce sin trabas. Sin embargo, el Perú llega a esta segunda vuelta que concierne a todos.

La Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2026 de Reporteros Sin Fronteras ubica al país en el puesto 144 de 180. La caída alcanza 14 posiciones en un año y suma más de seis decenas de lugares perdidos desde 2022.

Un dato no menor es que en la región, el Perú queda por encima solo de Nicaragua, Cuba y Venezuela, países que son catalogados como dictaduras. Y es que el indicador ordena el hecho de que la democracia reduce su espacio considerablemente cuando la expresión se restringe.

Ante ellos es fundamental afirmar que la responsabilidad principal recae en el Congreso que hoy domina la escena política. El “pacto corrupto” se ha dedicado a impulsar normas y prácticas que son propias de autócratas: tipificaciones que criminalizan las protesta, acusaciones constitucionales que plantean sanciones por opinión y discursos que buscan desacreditar el disenso.

Y lo más importante es quizás reconocer que la libertad de expresión no se limita solo al trabajo periodístico. Incluye, antes que todo, a la opinión ciudadana y la protesta que desde el inicio del gobierno del pacto legislativo antidemócrata ha devenido en niveles degradados como los que hoy caracterizan al Perú de hoy.

Es por ello que la medicina a este embate autoritario es que la ciudadanía, por su parte, ejerza un rol activo, y sobre ello, el ciclo electoral abre una posibilidad concreta. En ese sentido, el poder que surja de las urnas en el próximo balotaje debe comprometerse, sobre todo, a establecer una ruta que garantice la pluralidad y que nadie tema ser asesinado por ejercer su ciudadanía a través de la protesta.