El inicio del silencio electoral marca un punto de inflexión en la campaña electoral: las encuestas desaparecen y el electorado queda a solas con su decisión. En el Perú de hoy, ese silencio ocurre en un terreno inclinado a propósito a favor del pacto corrupto que es responsable del desgobierno de los últimos 5 años. Esta semana final se instala en medio de una dispersión inédita del voto. Más que un espacio de reflexión serena, esta semana configura un escenario de información desigual. En ese contexto, cada decisión individual adquiere un peso estructural.
No obstante, la jornada que se aproxima no se define únicamente en la cédula presidencial. Existe una dimensión menos visible, pero decisiva: la conformación del Senado. En el rediseño institucional reciente en manos de la coalición autoritaria comandada por Fuerza Popular, Renovación Popular, Perú Libre, Alianza para el Progreso, Podemos Perú, entre otros, esta cámara reinstalada concentra capacidades clave de control político y producción legislativa. Allí se ordenará, en gran medida, el rumbo del país, sobre todo, la permanencia de cualquiera que sea elegido como presidente.
Y todo esto se cruza con la atomización del voto. 35 candidaturas compiten en un espacio donde muchas no alcanzarán el umbral del 5% para el Parlamento. En ese sentido, los peruanos deben saber que cada voto que se dirige a opciones sin viabilidad parlamentaria pierde, sí o sí, eficacia y, en los hechos, fortalece a las fuerzas antidemocráticas que sí parecen cruzar la valla.
El silencio electoral intensifica este problema. Sin información reciente en el espacio público, amplios sectores del electorado pierden capacidad de ajuste frente a tendencias consolidadas. Mientras tanto, quienes operan con redes más densas o acceso a datos reservados actúan con ventaja. La desigualdad informativa se traduce, finalmente, en desigualdad política.
Existen alternativas que, sin integrar la actual coalición de control, sostienen compromisos básicos con el orden democrático y cuentan con posibilidades de superar la valla. Su presencia en el Senado resulta clave para introducir contrapesos y evitar una mayor concentración del poder. La dispersión, en cambio, favorece una configuración más homogénea y menos deliberativa.
Esta elección no solo definirá la presidencia. Definirá si el poder se distribuye o se concentra, si se equilibra o se consolida. En esa decisión, silenciosa pero decisiva, se juega el país que viene.