Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".
Todos los perversos saben, por experiencia de vida (no es necesario llevar cursos especializados), como se ejerce la dominación. Hay infinidad de ejemplos que lo demuestran. Una víctima que está bajo el poder de alguien más fuerte o con alguna capacidad de coerción, se ve obligado a someterse a los designios de esa persona. Esto puede ir desde un matón de escuela, pasando por un abusador sexual, grupos de extorsión hasta grupos políticos anti democráticos. No hay que ser un analista político sofisticado para deducir que esa es la situación en la que nos encontramos los peruanos en estas elecciones.
Las mismas personas y grupos de poder político que nos han llevado a esta debacle, pretenden perpetuarse para seguir lucrando y destruyendo al Perú. Para poner un ejemplo que muchas personas sufren a diario: los transportistas y sus pasajeros están abandonados en las garras de los sicarios y extorsionadores. Quienes hoy nos gobiernan, han tenido cinco años para combatir este flagelo. Nada se los impedía pues su control de las instituciones encargadas de la seguridad pública era, es total. Sin embargo, no hicieron absolutamente nada. Por el contrario, dieron leyes que benefician a esos delincuentes violentos; las tristemente célebres leyes pro crimen.
Con insolente desparpajo, ahora se presentan como los salvadores de la patria. Esta propuesta es absolutamente idiota. Si no lo hicieron antes, teniendo todo el poder en sus manos, ¿por qué lo harían en el siguiente quinquenio? Para seguir en el registro de la idiotez (carencia de ideas), por culpa de los caviares. Lo cual a menudo viene aderezado con el terruqueo. Este chivo expiatorio les ha servido hasta cierto punto. Cada día, sin embargo, aparece más claro que esa maniobra de diversión se ha agotado. Por eso insisten con señuelos disparatados como salirnos de los pactos internacionales de justicia y derechos humanos. Como si esa afiliación hubiera sido la que les impidió enfrentarse a la inseguridad, la corrupción y la delincuencia. Ahora, parecen decir, cuando seamos un país paria, podremos aplicar la mano dura. ¿Por qué entonces países que están vinculados a los mismos organismos internacionales sí pueden hacer lo que nosotros aparentemente no podemos?
Una de las cosas que todo perverso sabe es que la razón es un estorbo para el ejercicio de la fuerza bruta (en todos los sentidos de la palabra). Un padre violador le dirá a su víctima e hija que lo hace por su bien. Acaso ni siquiera necesite justificar su acto. Bastará con que se instale el mecanismo de la identificación con el agresor: si esto me hace mi propio padre, ¿qué me hará un extraño? Aunque no es exactamente lo mismo, el llamado síndrome de Estocolmo alude a un funcionamiento mental análogo. El secuestrador es quien me tiene en su poder, por lo tanto, me conviene estar en buenos términos con él.
Como los lectores advertirán, este es el convenio no escrito que nos están proponiendo quienes pretenden seguir depredando las arcas de nuestro Estado. A cambio nos darán “protección”. Sí, la misma protección que ofrecen los extorsionadores. Sí, nos están extorsionando. Sí, seremos responsables de nuestro destino si no hacemos nada para impedirlo. Y sí, nos la han puesto muy difícil a fin de jugar con las reglas a su favor. En caso no logren imponernos como Presidente a alguno de los integrantes del Pacto que nos gobierna hoy desde el Congreso, entonces se asegurarán de tener el Senado bajo su control. Desde ahí, con la nueva legislación, podrán mantener en estado de sitio a quien ocupe la presidencia de la República.
Lo cual a su vez no habría sido posible si Montesinos no hubiera subestimado y humillado a Matilde Pinchi Pinchi, quien se vengó de ese maltrato perverso entregando la evidencia que permitió tumbarse a ese régimen que hasta entonces parecía invencible. No hay enemigo pequeño como no hay mal que dure cien años.
Cierto, que la hija del dictador esté postulando nuevamente nos recuerda que la lucha contra la corrupción nunca está ganada del todo. Por eso ahora cunde el desánimo, la apatía y hasta la depresión. ¡Pero si ya los habíamos derrotado! ¡Cómo es posible que sigan en el poder! No hay respuestas sencillas para estas preguntas y asombros. Solo la certeza de que esta pelea no termina nunca. Pero también la evidencia de que ya la hemos ganado antes y contra enemigos más astutos y poderosos. En pocas semanas tenemos una cita existencial con nuestro destino. Está en nuestras manos acabar con esta pesadilla. #PorEstosNo

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".