Opinión

En Ecuador, la ola criminal no da tregua

El asesinato del fiscal Suárez nos pone frente al espejo de lo que puede ocurrir en el Perú por el avance del crimen organizado.

EDITORIAL
EDITORIAL

El fiscal antimafias César Suárez fue asesinado ayer en plena calle de Guayaquil, en una emboscada delincuencial que ha provocado grave conmoción en Ecuador. El país se mantiene bajo estado de excepción desde hace menos de 10 días, luego de producirse un ataque sincronizado contra el Estado, en el que se tomaron rehenes en las cárceles y se atacaron instituciones públicas y privadas.

Precisamente, una de ellas fue el canal de televisión TC TV, en el que se produjo el asalto en plena transmisión en vivo. El fiscal Suárez se hizo cargo del caso y, cumpliendo su rol investigador, interrogó a los asaltantes del medio de comunicación que fueron reducidos y capturados por la Policía, la cual recuperó las instalaciones. El fiscal Suárez también investigaba otros casos de corrupción, como el de Daniel Salcedo, capturado en Panamá hace pocos días y que estaba acusado de manejos hospitalarios dolosos durante la pandemia. El caso es conocido como Metástasis.

La fiscal general Diana Salazar ha lamentado la muerte de su colega, pero al mismo tiempo se ha comprometido a mantener, con el resto de su equipo, la lucha contra el crimen organizado. También ha solicitado la virtualización de las diligencias para evitar que se siga buscando intimidar a los magistrados.

César Suárez fue perseguido por los sicarios por las calles de Guayaquil y finalmente fue acribillado con más de 20 balazos dentro de su automóvil. Es una muerte más que lamentar en el hermano país, sacudido desde el martes 9 de enero por la ola de violencia desatada por el crimen organizado. Y lo hacemos también por la extrema gravedad de la situación, que fácilmente puede ser la nuestra.

Somos un espejo de lo que ocurre en Ecuador, porque no hay señal alguna de que estemos combatiendo el delito que crece día a día ni que se estén tomando medidas correctivas para frenarlo. Un bloqueo en la frontera cuando las bandas ya operan en el país parece tan absurdo como inservible.

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