Opinión

Impaciencia económica, por Mirko Lauer

"Una idea es que un Banco Central de Reserva sólido es barrera suficiente para que la irresponsabilidad de los poderes políticos no lleve a la economía al filo del abismo".

MIRKO
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Una noticia económica en Gestión está diciendo mucho sobre la política. El plazo para buena parte de las especulaciones financieras, grandes o pequeñas, se ha reducido a un año o menos. Esto último quiere decir que hay quienes colocan su dinero a un plazo que puede ser tan breve como tres meses, el proverbial trimestre del lenguaje económico.

Depósitos a corto plazo reducen la tasa de interés que se recibe, pero alivian la desconfianza de quien se separa por un rato de su capital. El aspecto más interesante desde la perspectiva política es la percepción implícita sobre a qué ritmo pueden cambiar las cosas en el país y licuar una parte del valor del dinero.

El año detectado por Gestión no es igual a la fuga de millones al exterior que acompañó a la llegada de Pedro Castillo, pero viene a ser el mismo tipo de reacción. Ahora es algo así como que Dina Boluarte puede mantener las cosas bajo control por algo así como un año. Más allá de eso, cualquier cosa podría pasar con el valor del dinero y la situación de quienes lo cuidan.

Una idea es que un Banco Central de Reserva sólido es barrera suficiente para que la irresponsabilidad de los poderes políticos no lleve a la economía al filo del abismo. No lo ha hecho con las grandes cifras de la macroeconomía, pero sí viene cavando la irresponsabilidad hondos agujeros en las economías familiares de grandes mayorías.

Además del efecto de las malas medidas concretas, hay una velocidad a la cual la trifulca política local va erosionando la salud económica de la sociedad. Los poderes del Estado nos van avisando que se pueden desmoronar (vacancia, cierre, u otros ataques de fuera, convirtiendo a Lima en ciudad aún más abierta para el malandrinaje.

Algunos tienen la idea de que nada serio puede suceder antes de la campaña electoral del 2016. Pero quienes depositan su dinero en cuentas a un año de plazo o menos piensan diferente. En otras palabras, la crisis política no se va a arreglar por sí sola, sino que puede estallar en cualquier momento. No hay que ser politólogo para albergar semejante temor. Basta mirar.

Para los más preocupados, la cifra clave, pues, no es 2026, sino 2024.

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