Opinión

Antauro, por Mirko Lauer

"La aparición del partido de Antauro Humala en los registros del JNE confirma el temor de quienes consideran las próximas elecciones un peligro antes que una solución".

MIRKO
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La aparición del partido de Antauro Humala en los registros del JNE confirma el temor de quienes consideran las próximas elecciones un peligro antes que una solución. En una escueta frase, lo que se teme es que el 2026 repita al 2021, con otro presidente disfuncional a instituciones de todo tipo, creando algo así como ganas de llegar al 2031.

Pero no tiene que ser Antauro Humala, hay otros. Para algunos hay más peligro en el electorado que en las candidaturas. Pero hoy es Humala quien tiene más claro el perfil del político deseado por las turbas, capaz de decir cosas atroces, con un pasado de intensa violencia, que en lugar de ideas aporta ocurrencias a la plaza.

Hay algo de sexi en la delictividad para los márgenes del electorado. Un buen ejemplo es la buena performance del cajamarquino Gregorio Santos desde la cárcel, acusado de pericote. El público persigue, o mejor dicho intuye, la parte que no aparece en la hoja de vida, y con ello construye su propia desgracia.

Dicho todo esto, el retorno de Antauro Humala no ha sido el éxito fulminante que algunos esperaban. Luego del primer impacto (salir de una prisión larga siempre es políticamente chévere), con unos pocos mítines nada impresionantes, el hombre no ha tenido mucho que decir, ni en los estrados ni en las entrevistas.

A ojo de buen cubero, es más fácil imaginar una bancada Antauro que una presidencia Antauro. No es, nunca fue, alguien capaz de resistir con ecuanimidad los reflectores de una campaña, y salir airoso al final. Además ese tipo de figura contradictoria es un festín para los entrevistadores que no lo quieren, y para los fabricantes de memes.

A estas alturas el gremio político ha aprendido que hay más presas que Palacio en la carrera hacia la presidencia. Más de uno ha sido contratado para que arrastre una carreta de aspirantes en dirección del Congreso. A esas operaciones nadie les pide coherencia política, ni antes ni después de las elecciones.

Mientras tanto andamos curiosos de que el candidato nos explique el original, pero hasta ahora incomprensible logotipo de su partido. De otra parte, ¿qué necesidad había de convertir el nombre de pila del candidato en una sigla de dirección general de ministerio?

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