Opinión

A Palacio, a Palacio, por Mirko Lauer

"Entre quienes reclaman y quienes los contienen o reprimen convierten al Damero de Pizarro y sus alrededores en una tierra de nadie comercial por temporadas, y en un barrio estratégico para las multitudes furiosas".

MIRKO
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La protesta nacional que atávicamente se dirige hacia los palacios del poder se ha convertido en una plaga para los comerciantes del centro. Entre quienes reclaman y quienes los contienen o reprimen convierten al Damero de Pizarro y sus alrededores en una tierra de nadie comercial por temporadas, y en un barrio estratégico para las multitudes furiosas.

Este año la molestia de los comerciantes está siendo mayúscula, pues la campaña navideña es de vacas muy flacas. En el contexto de las fiestas de fin de año, las movilizaciones centrales de mañana y los siguientes dos días podrían prolongarse. Incluso si ellas no son políticamente muy exitosas, quizás no haya mucho apuro para volver a casa.

Protestar frente a las sedes arquitectónicas del poder es una tradición con orígenes prácticos: es indispensable que los poderosos presencien la furia popular. Así, antes de la TV era indispensable ir hasta Palacio. Hoy las cosas son distintas, pero los lugares atractivos para las cámaras de TV son más o menos los mismos.

Un daño colateral es que Palacio y el Congreso se han aficionado a impedir la circulación de vehículos, y a veces hasta personas, por las plazas con que colindan. La Mayor y la de la Inquisición. Vuelve el tránsito incómodo y da una imagen de atrincheramiento, quizás de debilidad, como si hubiera protesta 24 horas al día. Otro daño para el comercio.

La Policía se encarga de que las marchas permanezcan lejos de los epicentros políticos, pero ese bloqueo no ayuda mucho a los comerciantes, y en verdad a nadie que trabaja en el centro. Hoy aun si no se puede llegar a Palacio, por lo menos las multitudes (cuando son tales) pueden dar una dura batalla, políticamente valiosa en sí misma.

Por lo menos este año no cabe esperar protestas muy intensas. No ha habido a lo largo del año un in crescendo capaz de entregarle a la oposición un diciembre caliente más allá de algunas ciudades. La famosa Toma de Lima va a ser sobre todo limeños tomando su propia ciudad, al filo del letargo de la Navidad y el Año Nuevo.

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