Opinión

La agenda rayos X del tío Otárola, por Augusto Álvarez Rodrich

Con la estrategia ‘no se mueva, no respire’ no se llega al 2026.

AAR
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El [no] anuncio de Alberto Otárola sobre Tía María revela que, como premier, le sirve a la presidencia de Dina Boluarte para durar hasta 2026 con una estabilidad social precaria y un pacto con un congreso corrupto y mediocre para subsistir, pero al costo de un país que se paraliza con una economía que, por el enfriamiento de la inversión, calentará más la calle.

“Tía María no está en la agenda del gobierno en este momento”, dijo el premier luego de que el ministro de energía y minas anunciara que este “es un proyecto muy importante para el país, los deseos que tenemos son que se realice, ya que genera mucho trabajo e inversión, pero, de hecho, eso tiene que ir acorde con el pueblo que es el dueño del terreno, quien debe coordinar y dar el pase a eso”.

El problema menor es el de dos ministros que airean diferencias en el auditorio del principal foro de la inversión minera. El de fondo es el de un premier dispuesto a parar al país para durar.

La inversión minera caerá 18,1% en 2023 frente al año previo, y 7,4% en 2024. Un proyecto de US$1.400 millones donde confluye interés particular y desconocimiento para impedirlo, pero sobre el que el gobierno tiene el derecho a elegir el momento de darle luz verde, pues el capital político importa.

Por el bien del proyecto, además, pero al que un anuncio descuidado como el de anteayer del premier solo maltrata más su imagen, retrocediéndolo quizá un año, mientras Otárola quizá gane una quincena adicional.

Habría sido diferente si hubiera repetido lo que Óscar Vera dijo, es decir, que Tía María ‘sí’ está en la agenda del gobierno, pero para seguir construyendo las condiciones sociales para su ejecución en armonía con la comunidad.

El gobierno de Boluarte ofrece a la inversión una estabilidad relativa, parecida a la de los rayos X (no se mueva, no respire), pero que se puede parecer a la de los cementerios por la falta de liderazgo y ‘punche político’ para respaldar proyectos de inversión grandes que son cruciales para el futuro del país. Y tres años es mucho tiempo.

Finalmente, qué ridícula y miope esa izquierda que hoy aplaude a Otárola como su ídolo antiminero, al igual que esa derecha que hoy adula a Vladimir Cerrón como su titán anticaviar.

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