Opinión

Privatización, esa palabra ‘maldita’…, por Augusto Álvarez Rodrich

Escandalosa e indigna falta de agua potable y alcantarillado.

AAR
AAR

El corte de agua que sufrirán los limeños de 22 distritos hasta por 96 horas debería servir para poner en agenda el problema grave que afecta la calidad de vida y la dignidad de millones de peruanos que aún no tienen el servicio, o que lo reciben a cuentagotas, y plantear soluciones de fondo en vez de esos parches con que se suele paliar los profundos déficits sociales en el Perú.

La ministra de vivienda explicó que el corte es por obras para mejorar el servicio que abastece a 5,7 millones de limeños, y que se habilitarán puntos de distribución con camiones cisterna.

Pero mejor sería que no se diera ninguna ayuda para que sean cuatro días de reflexión nacional sobre los entre siete y ocho millones de peruanos que en pleno siglo XXI aún no tienen agua potable. Hasta en Lima, 1,5 millones de ciudadanos no cuentan con acceso a agua potable ni alcantarillado.

Esto es inadmisible. No pongamos ejemplos del mundo desarrollado. Chile tiene una cobertura a nivel nacional de 97% y de 100% en zonas urbanas.

Cifras sobre la falta de agua y alcantarillado abundan. Lo que falta es consciencia del drama que significa esta gravísima carencia, algo en lo que podrían pensar los limeños en los días de ‘sufrimiento’ que tendremos desde el 6 de octubre. Por ejemplo, en los miles de niños que van a colegios sin agua en el baño ni para lavarse las manos.

Algo en lo que también podrían pensar los políticos que nunca piensan ni en las necesidades de la gente, y que se aferran a la defensa de un sistema público de Sedapal en Lima y de las empresas regionales en todo el país ineficientes, lo cual se explica por ignorancia, ideologización que apega al estatismo, y por intereses corruptos.

Se requiere evaluar soluciones, incluyendo la opción de atraer inversión privada, tal como ha ocurrido en la electricidad o telecomunicaciones, que hoy sí dan cobertura amplia. O sea, en esa palabra maldita llamada ‘privatización’ que hace convulsionar a quienes derrochan ignorancia, y que podrían recordar a Deng Xiaoping (“no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”), mientras el comunista hoy amado por la derecha podría enterarse de que el agua con que se baña en los hoteles de lujo de Cuba viene de la empresa privada Aguas de La Habana.

google iconPrefiero a La República en Google