Opinión

Allende, 50 años

Conmemoran aniversario de la caída del gobierno popular con manifiesto “Democracia siempre”.

EDITORIAL
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A las 11:52 minutos se inició el bombardeo a La Moneda. En el interior del palacio de gobierno chileno, el presidente Allende y un grupo de sus más leales compañeros de trabajo resistían el fuego proveniente del aire y la arremetida de los militares, que bajo las órdenes de Augusto Pinochet se habían levantado en armas contra el gobierno popular. Era un 11 de setiembre de 1973. Muerto Allende, se iniciaba la leyenda.

Han trascurrido 50 años desde esos días de traición, heroísmo, insania y resiliencia. García Márquez dijo de ese día: “Ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo y que se quedó en nuestras vidas para siempre”.

Ese 11 de setiembre todos perdimos algo: esperanza, patria, futuro. En estas cinco décadas se ha logrado entender toda la anatomía de un golpe que se inició con Allende a punto de ganar las elecciones. No se puede entender toda la operación para debilitar al naciente gobierno, las revueltas internas, la parálisis de la economía, sin la presencia de los Estados Unidos y el rol determinante de Nixon y Kissinger.

La senadora María Isabel Allende –hija del expresidente– señaló en la conmemoración oficial del 11 de setiembre realizado por el Gobierno del presidente Boric que “se ha intentado invertir las responsabilidades de la tragedia que vivimos en los últimos 17 años más oscuros de nuestra historia. De manera insólita se busca tergiversar los hechos y de culpar a la Unidad Popular y al presidente Allende del golpe de Estado”.

En una entrevista concedida al diario El País, la senadora recuerda las últimas horas con su padre: “Cuando me despido, que fue una despedida como muy silenciosa, un abrazo sin muchas palabras, no pensé que no iba a volver a verlo”.

El presidente Gabriel Boric, en su alocución en la ceremonia a la que asistieron los expresidentes que dirigieron el país tras la caída de la dictadura, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera –quienes firmaron el manifiesto “Por la democracia siempre”–, dijo: “No importa el color del régimen que viole los derechos humanos, sea rojo, azul o negro, estos deben ser respetados siempre y su vulneración, condenada sin matiz alguno”.

Esta lección de civismo y de visión de país se mostraba al mundo mientras la voz del presidente Allende, en su último discurso, se escuchaba ante un auditorio emocionado: ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

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