Qué felices los ladrones y celadores, por Augusto Álvarez Rodrich

La buena relación del crimen organizado con los políticos.

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Lo que les pasa a nuestros vecinos —del barrio, colegas del trabajo, o países— siempre nos interesa, por solidaridad o por interés pues lo que les pasa a ellos también nos puede pasar a nosotros, y eso ocurre en el Perú por el asesinato del candidato Fernando Villavicencio por parte de narcos debido a sus propuestas contra el crimen organizado.

¿Existe riesgo de que el crimen organizado en sus distintas vertientes locales —además de drogas, minería y tala ilegal, trata de personas, o universidades truchas, entre otros rubros— asesine a políticos para notificar a todos que no se metan con sus negocios?

Cuando el crimen organizado crece necesita autoridades de todo nivel, según la naturaleza y ámbito del negocio —nacional, regional, local—, que faciliten su avance o que se hagan de la vista gorda, lo cual demanda acuerdos colocando personas de su entorno en cargos públicos o comprando políticos.

La calidad del congreso hace pensar que ahí se puede hacer un fast shopping. Con pocas excepciones, ahí se compra congresistas por kilo, al igual que muchas autoridades del interior.

El portal de análisis e investigación del crimen organizado Insight Crime precisa, por el asesinato de Villavicencio, cuatro razones por las que Ecuador está en crisis de seguridad: 1. Ascenso como centro de tránsito de cocaína. 2. Paisaje criminal atomizado. 3. Organizaciones criminales extranjeras. 4. Estado no preparado para la amenaza.

Condiciones que también parecen existir, en distintos grados, en el Perú, lo que explica que la inseguridad sea percibida como el principal problema del país, por la corrupción creciente.

Por un lado, en la policía. Esta siempre es la primera en llegar al lugar del crimen, pero no por su eficiencia, sino porque lo protagoniza. Por el otro, en la política. En el Perú es difícil —aún— que ocurran enfrentamientos del crimen organizado con los políticos porque, la verdad, se llevan bien. Las mafias ponen a su gente en cargos públicos o compran lo que ya hay, y los que no están en eso ni se meten —¿o ha escuchado usted a políticos con propuestas del tipo ‘unidos contra el crimen’—, mientras los medios andan interesados en la ‘problemática’ informando qué marca de calzoncillos usaba Maldito Cris, pero no en la ‘solucionática’ del asunto.