El peligroso ‘‘pero’’, por Lucia Solis
"Si se piensa que una bandera arcoíris que representa y visibiliza la inclusión y la diversidad de orientaciones e identidades (…) ‘‘expone’’ a los niños es porque existe una base homofóbica y transfóbica. No importa cuántos ‘‘peros’’ haya".

En tiempos como los que se viven, la equidistancia y la ignorancia consciente son perjudiciales. No tomar una postura clara respecto a la persecución de personas migrantes, racializadas, de la diversidad sexual y de género, que defienden su derecho legítimo a protestar, pone en riesgo su integridad y sus vidas. Por eso, exigir un posicionamiento a favor de los derechos humanos tanto en el ámbito público como privado (y que esto no sea solo enunciativo, sino que se acompañe de acciones concretas), es un deber.
Si dentro de estos sectores no puede haber una declaración en contra de ataques contra personas en situación de vulnerabilidad, puede que se deba a dos razones: deliberadamente existe una oposición a los derechos fundamentales o hay una incomprensión total de las diferentes opresiones que atraviesan miles de personas; un desconocimiento que permanece incluso teniendo todas las facilidades para superarlo.
Resulta decepcionante que, a esta altura, quienes cuentan con acceso libre a información procesada y verificada, ya sean influencers u otro tipo de figuras públicas con mayor representación, presuman de haber construido una comunidad, sin tener consciencia de lo que las mismas personas que les siguen podrían estar pasando.
Que creadores de contenido adviertan sobre el ‘‘robo de inocencia’’ a sus hijos, porque una plataforma de streaming adopta la temática LGTBIQ+ por el mes del Orgullo es aterrador y preocupante. Si se piensa que una bandera arcoíris que representa y visibiliza la inclusión y la diversidad de orientaciones e identidades en una sociedad que aniquila simbólica y materialmente todo lo que se sale de la norma ‘‘expone’’ a los niños es porque existe una base homofóbica y transfóbica. No importa cuántos ‘‘peros’’ haya.
Eso, el ‘‘pero’’ se ha convertido —o ha resurgido— como una especie de comodín fallido que usan las personas homofóbicas, misóginas, clasistas y racistas para decir que no son homofóbicas, misóginas, clasistas y racistas. ‘‘No tengo nada en contra de los LGTBIQ+, pero…’’, ‘‘Creo en la igualdad, pero…’’, ‘‘Tengo amigos gays, pero…’’, ‘‘Todo bien con que marchen, pero…’’.
En momentos como los que se atraviesa a nivel global con la avanzada de la ultraderecha y sus satélites —colectivos antiderechos con mucha, muchísima llegada— la indolencia y la equidistancia son cómplices del odio, son funcionales a la violencia, a la muerte y a la deshumanización de las y los más vulnerables.
















