La sirenita, por Sandro Mairata
Si los odiadores aún están furiosos por una princesa sirena de tez morena, esperen a conocer a la madre de Eric y al resto de súbditos de Tritón.

En una decisión deplorable, los responsables de traernos La sirenita han convertido el poder oír la voz original de Halle Bailey en un privilegio tras cinco años de espera. Solo unos poquísimos cines, casi todos en la capital, ofrecen la esperada versión en inglés.
Este reclamo importa porque a diferencia de Mulán, La bella y la bestia o Aladino (adaptaciones recientes), la coyuntura ha convertido a La sirenita del director Rob Marshall en un filme relevante de discutir por los temas de racismo e inclusión. No tengo nada contra la señorita Yatzil Aguirre –quien dobla a Ariel al castellano–, pero era a Bailey a quien muchos esperábamos disfrutar demostrando su talento.
Pude ver la cinta en ambos idiomas (un privilegio extra) y estamos ante un buen filme, uno muy lejos de los peores vaticinios de los odiadores en las redes. Como sabemos, se basa en un cuento de Hans Christian Andersen, aunque esta película calca la cinta animada de 1989. La princesa sirena Ariel (Bailey) es la hija menor de Tritón (Javier Bardem), rey de la Atlántida. En una tormenta, rescatará y se enamorará del príncipe Eric (Jonah Hauer-King), pero será usada por la malvada tía Úrsula (Melissa McCarthy), una bruja quien le dará piernas con una elevada hipoteca: si no consigues que el príncipe te bese antes de tres días, serás mía.
Para ser una cinta marina, mucho de lo mejor ocurre en tierra firme. Tras las obligadas performances de “Bajo el mar” o “Parte de él”, el romance entre Eric y Ariel se desarrolla en medio de coqueteos y cortejos más extensos y tangibles que en la versión animada. Una escapada a un mercado nos muestra más del reino terrestre –un improbable paraje caribeño del s. XIX. Lo que nunca nos muestra Marshall es el reino submarino: ninguna ciudad, ninguna estructura concreta. Un misterio. Asimismo, luego de ver Avatar: el camino del agua, el contraste es inevitable. Los efectos submarinos de La sirenita no impresionan tanto.
Bailey tiene el carisma, el rostro lozano y la sonrisa perfecta de una joven Janet Jackson; es una entrañable protagonista con una contraparte limitada en Hauer-King. Este príncipe no es memorable. El peor de todo el elenco es Bardem, con una vocecilla impostada en inglés que mejora mucho al castellano, pero que ni así salva este rol. McCarthy sí da la talla necesaria. Y el esperado beso arranca aplausos en cualquier idioma.
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Lo mejor es la voz original de Bailey y lo dejo ahí. Yendo más allá, el mejor personaje animado es Sebastián, el mayordomo-cangrejo encargado de velar por Ariel. Y si los odiadores aún están furiosos por una princesa sirena de tez morena, esperen a conocer a la madre de Eric y al resto de súbditos de Tritón. Estos son tiempos de cambios.
Supérenlo.






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