Opinión

Matar o morir en el intento

“(Están) gobernando de espaldas a un pueblo que les grita desde hace meses: ¡Que se vayan todos y no regresen nunca más!”.

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A estas alturas del partido queda claro, clarísimo, que al Gobierno poco le importa el Estado de derecho, el respeto de las vías democráticas o el cumplimiento de las leyes, estemos o no de acuerdo con ellas. Pedro Castillo se encuentra más preocupado y ocupado en subsistir de una manera poco digna, antes que buscar consensos o intentar gobernar un país a la deriva, la victimización es su consigna y el oportunismo su legado.

Mientras tanto, en el Congreso la misión es continuar parasitando y cobrando, sin escuchar las voces de afuera que les gritan que justifiquen su permanencia, que les exigen que antepongan al Perú antes que los intereses de sus billeteras, pero no, el Congreso es furgón de cola de la derecha más incoherente, se siente como pez en el agua con los gritos, insultos y terruqueos, pero se muestra iracundo y encolerizado frente a cualquier voz que —razonablemente— proponga elecciones generales.

Al unísono de la marcha de guerra, la Fiscalía de la Nación continúa abriendo investigaciones, el Poder Judicial continúa encarcelando a los exfuncionarios y socios del presidente, quienes caen con la misma frecuencia con la que nombra a sus ministros, semanal o quincenalmente, por diversas denuncias y presuntos delitos, pero todos, sin lugar a dudas, llevan hasta el despacho presidencial, donde Pedro Castillo funge como el cabecilla de la mafia política más torpe, más descarada y más menesterosa que ha gobernado al Perú en los últimos 200 años.

En conclusión, Pedro Castillo evitará, a toda costa, terminar preso alargando la agonía en que se ha convertido su Gobierno, repleto de cinismo, mentiras y corrupción, mientras el Congreso intentará mantener su efímero poder, el sueldo, las gollerías, lobbies y beneficios. Ambos poderes del Estado enfrentados, sin importarles las formas, calculando el movimiento del otro para saber en qué momento matar antes de morir en el intento, pero gobernando de espaldas a un pueblo que les grita desde hace meses: ¡Que se vayan todos y no regresen nunca más!