Los líderes de opinión
“Los paros y huelgas de Cuajone y Las Bambas son tratados con las pinzas de la opinión igual que el caso Miyashiro y Del Portal. En estas horas asistimos a la eclosión de la prensa exprés, del periodismo selfi y de la autoficción láctea”.

No son Hildebrandt ni Gorriti ni Jara, no, los nuevos líderes de opinión en el Perú son Magaly, Metiche, Peluchín y Chibolín. En este Perú de Castillo, los paladines del criterio popular son mis amiguitos de Willax y los del programa 4N del cable. Ya no son los empleados de los Miro Quesada, de Beltrán o del príncipe Manuel Ulloa, no. Hoy los defensores del veredicto público son los hueleguisos de Wong y de Cesar Acuña.
Los paros y huelgas de Cuajone y Las Bambas son tratados con las pinzas de la opinión igual que el caso Miyashiro y Del Portal. En estas horas asistimos a la eclosión de la prensa exprés, del periodismo selfi y de la autoficción láctea. El de a pie sufre hoy con el llamado reportaje de datos y la peor hora lúbrica de la posverdad. Súmese a los dueños de los medios tradicionales, aquellos todavía impresos, que buscan con afán populista mejorar su oferta porque los nuevos emporios comunicativos digitales y las redes sociales, usadas como fuente de noticias, se han duplicado en su expansión en la mayoría de los países.
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No soy un santo, pero soy libre gracias a mis alumnos y a este diario que me permite publicar mis opiniones. Por eso en este lodazal mediático puedo decir mis cuatro verdades. Decía el gran escritor polaco Ryszard Kapuściński que para ser un buen periodista, en principio, uno tiene que ser una buena persona. Y yo entiendo como buena persona a ese escritor que, antes que nada, actúa con generosidad y sin rencores. Hay pues una actitud de desprendimiento y humanidad. Solo así, y lo sostengo sin ninguna vacilación, la escritura de uno se nivela con la de otros. Y esa obligación ética se materializa en leer y reconocer las virtudes de los más grandes periodistas y escritores que han construido este universo de la brillantez narrativa.
Sabrá eso la señora Medina. No creo. Y como recuerdo a César Lévano y Thorndike, en algún momento tenía que escribir este ajuste de cuentas. Soy cronista y tengo de esta manera muchos cómplices y pocos alcahuetes, Creo así que mis escritos, ensayos o poemas no pasan inadvertidos porque siempre causan escozor o gustos arrepentidos. Es cierto que intento cada vez ser un provocador probado. Un subversivo vicioso. Y, como consecuencia de practicar las paráfrasis, los retruécanos y las parodias, me quieren y me odian. Es mi destino fino, final, sin tino y trino. Un exégeta exagerado, un leído ido. Un cantor de cantinas, un autor autorizado.



