Hernán Chaparro

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La otra orilla
Profesor e investigador de la Universidad de Lima.

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Elecciones y vacíos

”Un Estado idealizado que se supone actuará con justicia, interviniendo en todo o casi todo y obviando que hoy es una gran fuente de ineficiencia y corrupción...”.

Recién tenemos una semana de campaña y faltan siete. Sin embargo, once puntos de distancia no se revierten con facilidad en una segunda vuelta. De acuerdo con las encuestas de Ipsos del 2006, donde también hubo una distancia inicial de este tipo, los primeros sondeos después de la primera vuelta indicaron que García tenía el 44% del favor ciudadano y Humala un 34%. Los blancos, viciados e indecisos sumaron un 22%. Cifras semejantes a las vistas ayer. La elección terminó con un 48% de votos emitidos a favor del candidato aprista y 43% que apoyó al nacionalista. Sin embargo, sabemos que ahora la gran mayoría no votó por estos dos candidatos y que las encuestas no predicen el futuro. Las campañas están para que los postulantes ajusten sus estrategias y actúen de acuerdo con ello.

Hasta ahora, Fuerza Popular se equivoca en su enfoque de campaña. Ha planteado que se centrará en sus propuestas y no en las personas, pero resulta que su parte más débil está a nivel personal. Un amplio sector de la población no confía en la palabra de Fujimori. Ese es su vacío. Además, buena parte de sus propuestas están dirigidas al lado pragmático del electorado, a su bolsillo. Eso es importante, pero no lo único. Quienes votarían por Perú Libre puede que no hayan leído o no estén muy informados de su propuesta de gobierno, pero están enganchados con un personaje con el que se identifican y que les ofrece una mano dura justiciera que juegue a su favor. Y eso no es nuevo. Cuando Castillo habla de “no más pobres en un país rico”, la gente no solo entiende diferencias de clase. Decodifica esas y, además, diferencias sociales, regionales, todo el racismo que hace muchos años cruza nuestras relaciones. Cuando en el 2015 preguntábamos en sectores de bajos recursos quiénes sustentan el poder, la respuesta era “ricos, políticos, congresistas, limeños”. La demanda también pasa por el plano de lo simbólico y lo afectivo. Se busca ser reconocidos y escuchados. ¿Qué está diciendo sobre esto la candidata de Fuerza Popular?

Y por otro lado, Castillo, que plantea una república federal y un control del Estado no solo en la economía sino en los medios de comunicación, entre otros, se beneficia del sentimiento y dinámica de identificaciones descritas, pero deja en el aire el inmenso problema de corrupción que ha caracterizado a los gobiernos regionales, a quienes hoy plantea darles un gran poder (Cerrón dixit). En esta versión del populismo de izquierda no solo está el significante vacío de la palabra pueblo, sino el del Estado. Un Estado idealizado que se supone actuará con justicia, interviniendo en todo o casi todo y obviando que hoy es una gran fuente de ineficiencia y corrupción pero que, además, todos esos poderes dibujados solo son un aviso de posibles abusos y más corrupción e ineficiencia. Pero es cierto que, en las lógicas populistas ciudadanas, no se demanda tanto participación como soluciones. Siempre me queda la duda de si esa demanda de justicia es republicana o un desesperado pragmatismo que busca justicia de manera vertical, autoritaria. Un afán de justicia legítimo que siempre camina en el filo de la democracia.

Infinidad de veces hemos criticado nuestro débil sistema político. Hoy tenemos que pensar más en nuestra fragmentada sociedad civil. Ese es nuestro vacío. La vigilancia ciudadana, las propuestas que desde ella se hagan, la capacidad para hacer escuchar nuestra voz serán la mayor garantía de gobernabilidad. A los partidos ya se les pidió bastante y ojalá reaccionen, pero ya vienen las elecciones subnacionales y puede que de todo se olviden, hasta de sus ínfimos porcentajes. La sociedad organizada tiene que hacerse escuchar hoy, durante esta segunda vuelta, porque si los dos candidatos no prestan oídos durante la campaña, qué será luego.