Ramiro  Escobar

Ramiro Escobar

Meditamundo
Lic. en Comunicación y Mag. en Estudios Culturales. Cobertura periodística: golpe contra Hugo Chávez (2002), acuerdo de paz con las FARC (2015), funeral de Fidel Castro (2016), investidura de D. Trump (2017), entrevista al expresidente José Mujica. Prof. de Relaciones Internac. en la U. Antonio Ruiz de Montoya y Fundación Academia Diplomática.

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¿La cancha global no importa?

“En la Cancillería hay equipos y personas capaces (...) Sería una pena que el próximo gobierno ponga al frente de Torre Tagle a alguien que reste y no sume...”.

¿Por qué en la actual campaña, y en los debates organizados por el JNE y otras instituciones, no se habló de política exterior? ¿Es irrelevante nuestra posición en el mundo o en la región? ¿Acaso la llegada de las vacunas contra la covid-19 no es consecuencia de negociaciones internacionales? ¿Qué hace que ni siquiera figure en algunos planes de gobierno?

Algunos de los pocos asomos sobre este tema han sido incluso penosos: más de un candidato destilando xenofobia contra los migrantes venezolanos (uno incluso casi peleándose en la calle con uno de ellos), otro diciendo que la Cancillería es “una porquería” y al mismo tiempo afirmando, sin base real alguna, que Estados Unidos ha ofrecido vacunas al Perú.

Penoso y preocupante. Para comenzar, las vacunas no sobran en el mundo y adquirirlas es un asunto internacional delicado, complejo, a tal punto que algunos países, como los africanos, recién lograrían inmunizar a su población en el 2023. Según The Economist, el Perú lo lograría a mediados del 2022. Podría ser antes, si tenemos una estrategia inteligente.

Sin embargo, varios candidatos han anunciado solemnemente que lo harán este año, sin explicar bien cómo, y sin precisar que eso requiere un manejo fino, una visión de qué está pasando a nivel mundial con la producción, la distribución. Un entendimiento de cómo es la actual ‘geopolítica de las vacunas’, que está generando nuevas disputas entre las grandes potencias.

Más aún: como ha señalado la OMS, hay un problema de acumulación de dosis, por parte de estos Estados, que atentaría contra la inmunización global. Es propio de la injusticia del sistema internacional, algo que un candidato debería saber precisamente para poder lidiar con eso, y no para andar cazando moscas o lanzando propuestas francamente risibles.

Tal vez uno de los síntomas de lo poco que importa el tema internacional en esta campaña (en las anteriores fue igual) es el desprecio por el voto para el Parlamento Andino. Una marea de personas desinformadas sostiene que “no sirve para nada”, o que solo es para los vividores del Estado. Claro que hay quienes ven en esa ventana solo una oportunidad suculenta, como uno que en años pasados declaró que Brasil era parte de la Comunidad Andina (CA), y que encima fue elegido. Pero otros no. Otros se lo toman en serio porque saben que, por ejemplo, esta instancia eliminó los aranceles entre los países de la CA y promueve la cooperación en caso de desastres.

No hay que renunciar a la Alianza del Pacífico para fortalecerlo. Hay que sumar para que los procesos de integración confluyan y generen más acuerdos comerciales, políticos, económicos. Existe también la diplomacia científica y urge activar mecanismos diplomáticos para que el desastre sanitario brasileño, que es ya una amenaza internacional, no siga desbordándose.

Hace pocos días más de una veintena de países han lanzado la iniciativa de un nuevo acuerdo global que prepare al mundo para las futuras pandemias, que de todas maneras van a venir en la medida que seguimos destrozando los ecosistemas y llamando a los virus. Lo impulsan Alemania, Francia, el Reino Unido, Corea del Sur, España, Noruega, Serbia, Países Bajos. Y a la vez Chile, Costa Rica, Kenia, Ruanda, Túnez, Senegal, Fiyi. ¿Nosotros? El argumento de que se trata de un asunto “de los grandes” no funciona acá ni en muchos otros escenarios. Depende de qué queremos hacer con nuestra política exterior, de cómo nos ubicamos en el mundo. Lo mismo ocurre en la lucha contra el cambio climático o la corrupción.

En la Cancillería, con todos sus problemas, hay equipos y personas capaces de ponerse de cara a este presente desafiante. Sería una pena que el próximo gobierno ponga al frente de Torre Tagle a alguien que reste y no sume. O que el nuevo presidente, quien es el que dirige la política exterior, crea que el mundo es un pañuelo y sus narices las fronteras.