Hernán Chaparro

Hernán Chaparro

La otra orilla
Profesor e investigador en la Universidad de Lima, Facultad de comunicación. Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre cultura política y populismo. Twitter: @hchmel

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El centro jaloneado

“Las noticias de ciertos medios… en los celulares son como los diarios chicha puestos en los kioscos por Montesinos: están para que pases por ahí y veas los titulares, algo queda”.

En los últimos años, las elecciones se terminaron inclinando hacia el candidato visto como menos malo que, además, se ubicó en el centro político en alguna de sus variantes. Fue una suerte de transacción entre el antiizquierdismo de unos y el antifujimorismo de otros. Estas lógicas están siendo reemplazadas por otras.

En el 2001 Toledo fue visto como un candidato de centro; el 2006 García etiquetó a Lourdes Flores como la candidata de los ricos y luego a Humala como el candidato del chavismo; en el 2011 Humala pasó del polo rojo al polo blanco para disipar miedos y ubicarse más al centro; en el 2016, PPK pasó a segunda vuelta beneficiado por el miedo del votante de centro a Verónica Mendoza, para luego ganar en segunda vuelta por el rechazo del votante de centro a escándalos de último momento en la candidatura de Keiko Fujimori.

Con relación a la lógica fujimorismo vs. antifujimorismo, la presencia de Keiko Fujimori desde el 2011 revitalizó el movimiento naranja. Planteó una promesa de renovación y canalizó un recuerdo construido por diez años, así como un sentir ciudadano vinculado a la búsqueda de orden vertical y éxito personal (una identidad social y política más que una identidad partidaria). Del lado del antifujimorismo, siempre hubo agrupaciones de centro e izquierda que en primera vuelta obtuvieron resultados diversos, pero que en una segunda vuelta fueron suficientes para que gane el candidato no fujimorista.

Uno de los cambios en esta elección es que esa lógica fujimorismo vs. antifujimorismo se ha resignificado. La heredera que se planteó como la figura de la renovación carga ahora con una pesada mochila y la performance de su agrupación en el Congreso disuelto tuvo muy baja aprobación. El tercio del país que optó por Keiko Fujimori hoy es solo un 8% a 9%. Las actitudes que subyacen a ese voto del 2016 son una oportunidad para otros. Se están manifestando bajo otro ropaje e incluyendo ingredientes conservadores en lo societal que ya estaban ahí, pero que cobran otra importancia. Por otro lado, un producto del enfrentamiento entre el Congreso y el Ejecutivo de estos últimos años es que esa tensión fujimorismo-antifujimorismo derivó en el público en una oposición congresistas-políticos tradicionales vs. Vizcarra. Unos celebrando que Vizcarra se enfrente al Congreso y otros acuñando el término de “vizcarristas”. Poco duró esto porque Vizcarra fue acumulando denuncias y difícilmente hoy canalice algo. Una parte de ese sentimiento anti-Congreso y/o antiestablishment ha sido recogida por las candidaturas de Lescano y Mendoza, pero también por López Aliaga. En la encuesta de febrero del IEP, el candidato celeste estaba entre las cuatro opciones del antifujimorismo. ¿Bustamante sería consciente de esto?

Por último, una novedad, local al menos, es la estrategia del candidato de Renovación Popular para polarizar entre los demás y él. Los candidatos que se podrían ubicar en el centro o centroderecha han cometido errores, pero también hay una campaña sistemática donde Vizcarra es Sagasti, este es Guzmán y todos ellos remiten al comunismo/estatismo, la ineficiencia. Los mensajes, las noticias de ciertos medios y la publicidad en los medios sociales que vemos en los celulares son como los diarios chicha puestos en los kioscos por Montesinos: están para que pases por ahí y veas los titulares, algo queda. El mensaje va dirigido a todas esas personas de centroderecha o derecha que en el 2016 votaron por Fujimori, PPK o Barnechea y que hoy están, o estaban, entre Forsyth, Guzmán, De Soto, incluso Fujimori. La polarización que se intenta no es entre la derecha y la izquierda como tradicionalmente ha sido vista. Es entre la candidatura de López Aliaga, y algo que él llama izquierda y va desde el centro en adelante. El centro no tendrá candidato claro, pero igual será importante en los resultados.