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No nos dejemos robar la esperanza

La Conferencia Episcopal Peruana emitió un duro pronunciamiento en el que enjuicia a las autoridades que se beneficiaron con la vacuna.

La circunstancia no pudo ser peor. En medio de la más grave crisis de salud, con indicadores de pesadilla y la solución aún lejana, estalló el vacunagate para quitarnos la poca credibilidad en las autoridades y sumirnos en una confusión de críticas, decepción y hartazgo.

El beneficio de una vacuna para unos pocos privilegiados nos afecta básicamente porque hemos perdido la confianza en el compromiso y la responsabilidad de quienes ejercen el poder político.

Cuando requeríamos de una campaña masiva de vacunación que nos alejara del peligro del rebrote de la pandemia, lo que tuvimos fue la confirmación de que, una vez más, el ciudadano era traicionado por el egoísmo y el beneficio particular de sus autoridades. Por ello, el cuestionamiento planteado por la Iglesia católica a través del pronunciamiento de la Conferencia Episcopal ha sonado tan contundente.

La Conferencia Episcopal hace hincapié en que “se han dejado de lado los intereses del país, el bien común y la obligación de velar por los más necesitados. También destaca la esencia corrupta del proceder cuestionado. “Esto muestra un nuevo rostro del monstruo de la corrupción y de la crisis ética y de valores”.

Entre expresiones de indignación y rechazo, la Iglesia plantea la investigación y sanción ejemplar, para que la impunidad no gane espacio y se pueda finalmente derrotar la pandemia, con la unidad y transparencia necesarias.

En otra parte de su potente comunicado, se exige que se proceda a una correcta distribución y aplicación de las vacunas, con un cronograma que se cumpla a cabalidad y sin preferencias. La Iglesia recuerda en este pronunciamiento a los hombres y mujeres que están hace un año en la primera línea de combate contra el Covid-19 y que incluso han muerto en cumplimiento de su deber.

Ese llamado lo extiende también a los peruanos que nos debatimos entre la crisis sanitaria y la crisis económica y que aún no vislumbramos la luz al final del túnel. Y nos hace un llamado a no perder la esperanza.