Opinión

El tiempo de las movilizaciones

“La dinámica de las movilizaciones que ha comenzado en estos días no se va a calmar en poco tiempo, como quisiera un displicente Manuel Merino”.

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La dinámica de las movilizaciones que ha comenzado en estos días no se va a calmar en poco tiempo, como quisiera un displicente Manuel Merino. Son el comienzo de algo más profundo y más amplio que una vacancia irregular. Al grado que algunos temen que estemos en los prolegómenos de una situación chilena, por mencionar algo cercano y reciente.

El actual statu quo social, legal y administrativo del Perú se formó a lo largo de varios gobiernos que no han sido de izquierda, pero sí esencialmente progresistas, y conscientes de que frente a la pobreza el derechismo debe tener un límite. Ese es el piso consensual sobre el que se ha asentado nuestra democracia, con imperfecciones y todo.

Si Merino va a presidir un rápido desmontaje de lo avanzado por ese camino, como da la impresión, cada uno de los retrocesos específicos en un tema de interés popular producirá una marcha, una huelga, o incluso un paro general. Algunos retrocesos ya se dieron, y fue la presencia de Martín Vizcarra la que entonces mantuvo la calma social.

El ecualizador que significa un presidente popular, centrista, y algo populista, ha desaparecido. Los nuevos conflictos se van a dar en otro contexto, en el que la protesta y otras formas de oposición van a ser importantes, lo cual también quiere decir permanentes, a medida que una derecha autoritaria intente ganar terreno.

No sabemos si habrá el equivalente de una marcha de los cuatro suyos. Pero no es muy riesgoso vaticinar que veremos un alboroto social permanente, que incluso se podrá sentir al lado de lo electoral. De hecho las marchas que han comenzado funcionan como una suerte de antecampaña electoral de los diversos candidatos de izquierda.

¿Podía Merino evitar todo esto? ¿Puede hacerlo todavía? Quizás con un discurso inteligente, menos desafiantes nombramientos de derecha, y manos tendidas hacia el intenso descontento popular. Le ha parecido más importante tratar de tranquilizar al sector privado desde el primer día. Lo que ha hecho es lanzar un bumerán.

Los motivos para seguir simpatizando con las movilizaciones por todo el país se van a ir sucediendo, sin duda alguna. Por impostado designio ideológico o por chambonería política, Merino y parte de su gabinete es lo mejor que les ha pasado a los sectores más irritados del país.

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