Marisa Glave

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Derecho, razón y corazón

“La Corte Interamericana de Derechos Humanos ya señaló que no se puede discriminar a una familia LGTBI+, menos si se ha constituido formalmente como Óscar Ugarteche y Fidel Aroche...”.

La teoría garantista busca asegurar condiciones esenciales para toda persona en un Estado de derecho. Se basa en la razón, no en el prejuicio. Y desde ahí construye una legitimidad social que limita –al menos en parte– las raíces de conflictos interpersonales. La lógica es bastante clara, igualdad ante la ley, sin importar quien sea. El núcleo o corazón de la estructura legal es la Constitución y los tratados suscritos que adquieren rango constitucional.

Ha ido quedando meridianamente claro que no se puede discriminar a una mujer por razones de sexo ni a una persona afrodescendiente o indígena por razones de raza. Tampoco a una persona evangélica por su religión o a un obrero de construcción por razones de clase. Con esto no quiero decir que el Perú es el reino de la igualdad; bastante lejos estamos. Los actos de discriminación están en el día a día y seguimos teniendo prácticas racistas, machistas o clasistas. Pero cada vez estamos más cerca de lograr que, en la mayoría de casos antes mencionados, el sistema jurídico defienda a quien sufrió una vejación por su sexo, raza, clase o religión.

Esto no ocurre con las familias de la comunidad LGTBI+ y ese es probablemente el principal rezago en la lucha por la igualdad ante la ley. Porque las familias de lesbianas, gays, trans, bisexuales y demás orientaciones sexuales e identidades de género ¡Existen! No son una ficción, existen. No son una aberración, existen desde siempre, pero se les obliga a vivir en la sombra, en el margen social.

Están constituidas por personas que pelean por su derecho a la igualdad, en nuestro Estado de derecho, como cualquier otra persona. No piden algo diferente, especial. Piden igualdad ante la ley.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ya señaló que no se puede discriminar a una familia LGTBI+, menos si se ha constituido formalmente como Óscar Ugarteche y Fidel Aroche, casados en México hace 10 años. Óscar pide algo simple: que su país reconozca su estado civil. Y es absurdo que no lo hagamos. Pese a eso, una mayoría en el Tribunal Constitucional, basada en los prejuicios y no en la razón, le negó ese derecho. Él irá a la CIDH y lo más probable es que gane el proceso contra el Estado peruano. Será un capítulo más en la larga lucha de Óscar por la igualdad, lucha que empezó desde que, junto a otras personas valientes como él, fundó el Movimiento Homosexual de Lima.

Conozco muchas familias como la de Óscar y Fidel. Se me vienen a la mente Jessica y Janet; Alberto y Diego; María Ysabel y Amanda; Rodrigo y Jorge. He sido testigo del amor que sienten, de su valentía al comprometerse a compartir la vida. Inspiran a muchos.

Tienen la razón y cualquier corazón libre lo puede reconocer. Pronto tendrán formalmente el derecho.