Opinión

“Negra quiero ser”

“Alicia Maguiña ha recibido, merecidamente, los más altos reconocimientos nacionales. Pero creo que ello no basta para asegurar su legado. Tal vez haríamos bien en promover su obra”.

Cecilia Maguiña cantautora peruana.
Cecilia Maguiña cantautora peruana.

Por: Cecilia Méndez

Desde que me enteré de su muerte no he parado de buscar su música, sus palabras. Y allí la encontré. Íntegra, sobria, y bellamente empecinada en cultivar, divulgar y defender el arte que la conmovía y apasionaba, pero también a quienes lo producían, su dignidad y sus derechos. A ese objeto de su pasión y de su vida lo llamó Perú, dignificando así un nombre que nuestra política ha hecho trizas, haciéndonos sentir orgullo allí donde otros siembran vergüenza, y a tender puentes allí donde otros crean islas.

Alicia Maguiña no solo se dedicó a la creación y al cultivo de la música y la danza, sino al difícil arte de ser sí misma, de vivir sin transar, enfrentándose a convenciones y prejuicios. Se atrevió a ser lo que amaba. Como ella misma lo afirmó en uno de sus programas en Radio Nacional, espacio que mantuvo casi hasta el final de su vida: “Yo escojo mi repertorio no porque esté de moda ni porque venda, sino porque a mí me mueve”. Y en otra oportunidad: “nunca me subordiné al poder ni al dinero”. Su propia vida fue un manifiesto creativo radical contra las expectativas sociales de “éxito”, y lo es aún más en estos tiempos de “influencers”.

En mis tiempos de colegio, como seguro es el caso de muchos de ustedes, cantábamos sus canciones en paseos y actuaciones, incluso sin saber que eran suyas. A raíz de su fallecimiento, en mi transida búsqueda por revivir y rememorar, empecé a hurgar en Youtube, y me di cuenta de lo poco, casi nada, que sabía. Así llegué a “Negra quiero ser”, marinera que compuso en 1959. ¿Cómo era posible que no la hubiera escuchado antes? Al hacerlo vino de inmediato a mi mente el lema “Black is beautiful” (lo negro es bello), que fue parte del movimiento de la lucha por los derechos civiles de los estadounidenses negros en los años sesenta: la autovaloración estética como una respuesta de dignidad frente al legado vivo y brutal del apartheid que había convertido sus cuerpos en poco menos que deshechos, al punto de lincharlos casi a diario, por el simple delito de ser negros.

En el Perú no tuvimos un movimiento comparable, lo que no quiere decir que no hayamos tenido o no tengamos violencia racista. Y Alicia no compuso “Negra quiero ser” con un afán social deliberado (más cerca de ello estuvo otra incomparable artista, Victoria Santa Cruz, con su potente poema y performance “Me gritaron negra”). Lo compuso, tal como se lo reveló al periodista Alonso Rabí, por la admiración que sintió al ver bailar marinera a su maestro, el guitarrista Manuel Quintana, que era negro. Pero lejos estuvo Alicia de romantizar o esencializar dicha condición. Lo suyo era la pasión que la llevaba a respetar y fusionarse con lo que admiraba. Aun así, ese deseo de ser libre, de salirse de las convenciones sociales que racializaban lo estético, no dejaba de ser subversivo, especialmente siendo mujer. Y no le fue nada fácil, como lo comprobaría más tarde al casarse con el guitarrista Carlos Hayre, con quien hizo una fructífera carrera artística.

Alicia Maguiña ha recibido, merecidamente, los más altos reconocimientos nacionales. Pero creo que ello no basta para asegurar su legado. Tal vez haríamos bien en promover su obra, considerada en su integridad, como candidata a Patrimonio Cultural de la Humanidad. En ella convergen múltiples tradiciones y estilos, procedentes de geografías igualmente diversas y que, si bien son peruanas, no comienzan ni acaban en las fronteras nacionales. Como bien escribió el antropólogo Rodrigo Montoya: “Viéndola actuar en el Teatro Municipal cantando waynos y mulizas, tuve la extraña sensación de ver a una artista flamenca cantando y zapateando en quechua. Se trata, simplemente, de la universalidad del arte, escondida debajo de voces y polleras aparentemente lejanas, no por gusto hay mucho de común en el zapateo enérgico y fino en el flamenco y en el wayno, también en la marinera”.

Alicia Maguiña

Alicia Maguiña

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