Los ángulos de la burbuja
Ciertamente, esta versión discriminadora de la “burbuja”, que proyecta en los otros el error, no promueve una reanudación prudente de los vínculos.

Por: Luisa Silva Checa
Contra lo que siempre se pensó, hoy la distancia es una manifestación de cuidado. Pero no olvidemos que la salud en el ser humano nunca es solo física, es también psíquica. Y, el mejor alimento para el bienestar emocional proviene del vínculo con personas queridas. ¿Cómo pensar la reactivación de estos vínculos significativos cuando la proximidad es equivalente a contagio y muerte?
Los epidemiólogos recomiendan la conformación de “burbujas” entre familiares o amigos que comparten hábitos de cuidado. Estas “burbujas”, en espacios abiertos y durante un tiempo acotado, configuran la combinación ideal para una relación entre iguales en salud; lamentablemente, inviable para muchos.
Hay, pues, ángulos de la “burbuja” menos positivos. Vemos un creciente ánimo juzgador y descalificador entre las personas. Quien está recluido es, para los avezados, un alarmista que pone en riesgo el desarrollo del país. Para los esmerados en el cuidado, quien sale es un potencial asesino. Olvidan, estos supuestos bandos, que todos quisiéramos salir y recuperar la calle, tanto como necesitamos protegernos de este virus insidioso. Ciertamente, esta versión discriminadora de la “burbuja”, que proyecta en los otros el error, no promueve una reanudación prudente de los vínculos.
La virtualidad es una herramienta potente de la reactivación en todos los ámbitos, aunque empezamos apenas a conocerla. Recordemos que la palabra es la mayor tecnología que el humano ha creado. Ahora contamos con la comunicación virtual y esta relación remota no tendría que ser fría o superficial. Aprovechamos este medio, por ejemplo, para reencontrarnos con quienes antes no podíamos. No será una experiencia idéntica a la presencia “real”, pero es un canal y acorta las distancias.
No obstante, la comunicación virtual no basta o no es factible para todos. Los adolescentes y los muy mayores, por ejemplo. Unos, por el impulso natural a la exploración y la marca subversiva propia de este impulso. Los otros, porque no merecen vivir en soledad momentos definitivos de su vida. Con ellos tendríamos que ser especialmente ingeniosos. Es un desafío que debemos asumir y perseverar. Procuremos que el aislamiento no paralice nuestra creatividad para descubrir formas de vincularnos.
Sociedad Peruana de Psicoanálisis




