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Lunes, 12 de Marzo de 2018 | 9:9:55 am

Lautaro Arrau: “La reivindicación de los esquizofrénicos es mi tarea por el resto de mi vida”

“¿Es viernes santo?”, le pregunta Lautaro Arrau a su amigo mientras toma un poco de café. No lo es, pero él viene cargando ya su propia cruz y la ha convertido en una obra –inédita aún– con trazos de su vida. Su juventud, su pasión por el arte, los años en los que empezó a sufrir esquizofrenia y el abandono son cosas que Lautaro busca ver en su siguiente exposición con el mismo deseo que tiene por generar conciencia sobre el trastorno mental que sufre.

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¿Cómo nace su pasión por el arte?

Siempre me gustó el arte desde niño, pintaba con acuarela y tempera. A los 8 años en Santiago de Chile mi papá me llevó a Bellas Artes y todos los domingos iba a clases. Luego, después del colegio, estudié Administración, pero luego me desanimé. Me fui como alumno libre a Bellas Artes en el taller de Miguel Nieri. Tras ello estudié en la PUCP artes plásticas en el 81, pero ese año muere mi mamá y fue el detonante para no volver. Estuve fuera de la realidad.

Fue ahí cuando te vuelves F20 (esquizofrénico paranoide) ¿Cuándo fue la última vez que lo internaron?

Entre 1983 y 1997 he estado varias veces internado, no solo en el Larco Herrera, sino en clínicas psiquiátricas o instituciones de salud mental.

¿Durante ese tiempo dejó de pintar?

Cuando estaba en buen estado pintaba. Cuando no, no. Pintaba dos años y de repente un año estaba internado. Por eso que no termine regularmente los estudios. Cinco años de carrera se prolongaron a diez. Pero eso es lo de menos, porque lo que yo hago es arte contemporáneo. No es porque yo esté loco pinto así. Yo he pasado por la academia.

Si pudiera utilizar un color para expresar su estado anímico actual, ¿cuál sería?

No lo sé, ahora estoy un poco cansado. Y, de repente, no me van a ver dentro de un año. Ahora para que me consideren de nuevo debo ponerme en una cola. Ya la muestra terminó en febrero y fue un éxito. Hay una obra de una botella con la palabra sálveme, que es una reconstrucción a nivel espiritual, mental y física de todos los días, que sirve como reivindicación para todas las personas con F-20 y esquizofrenia en general.

¿Va a seguir dándole más voz a las personas con esquizofrenia?

Sí, porque yo todos los días tomo cinco pastillas y no me puedo quitar de la mente que soy F20. Y así estoy desde hace 35 años. Yo lo primero que hago es tomar dos pastillas. Empiezo el día con esa idea. Yo estoy programado para tomar estos psicofármacos hasta el día que me muera (empieza a golpear la mesa), por lo tanto mi causa de la reconstrucción y reivindicación de los esquizofrénicos es mi tarea y mi apostolado por el resto de mi vida. Y es que siempre se aprovechan de nosotros.

¿Se aprovecharon de usted?

De mí se han aprovechado. Yo he terminado en un cuarto sin ventanas en El Agustino. Yo no he sido así cuando era joven. La familia de mi madre desapareció cuando era joven. Me han aislado. Todos tenían un pésimo concepto de mi persona. Ese ha sido el motivo de separación con mi esposa y mis dos hijos, verme internado en el Larco Herrera. Eso la desanimó más que los ataques de la familia. He fracasado en mi vida, he fracasado en mi matrimonio, he fracasado como padre de familia, he fracasado en todo (vuelve a golpear la mesa). Yo ya no le tengo miedo a nada.

¿Qué añora entonces?

Lo único que añoro en mi vida es ganarme el corazón de mis hijos. Juntar dinero, ir a Madrid y conocerlos.