Domingo

Carlos Conteras: “No sé si tenemos clase política, el término le queda grande”

El historiador comenta acerca de los deseos de separación del sur y los compara con anteriores épocas republicanas que intentaron la misma estrategia.

“El desenlace aquí es que podría venir un líder autoritario a buscar consensos... A López Aliaga no lo veo... ¿Keiko? En este momento, no parece”. Foto: Antomio Melgarejo/LR
“El desenlace aquí es que podría venir un líder autoritario a buscar consensos... A López Aliaga no lo veo... ¿Keiko? En este momento, no parece”. Foto: Antomio Melgarejo/LR

No ve posible que se hagan realidad esos anuncios de separación del sur peruano y recuerda que ya hubo intentos secesionistas en el pasado. El historiador, profesor de la PUCP e investigador de la IEP, Carlos Contreras Carranza, compara la situación actual con viejos hechos de nuestro pasado republicano y habla del extremo conservadurismo de Lima.

Presidenta Dina Boluarte

Líder. “El desenlace aquí es que podría venir un líder autoritario a buscar consensos... A López Aliaga no lo veo... ¿Keiko? En este momento, no parece”.

¿Diría que aún estamos en una etapa marcada por el fujimorismo, entendiendo que su Constitución, su sistema económico e incluso el Estado que moldeó se mantiene?

Te diría en principio que sí, que los grandes rasgos de orden político y económico que se fundaron en los 90 se mantienen, lo cual no deja de resultar paradójico, ¿no?, porque los resultados de las últimas tres elecciones han sido triunfos del antifujimorismo, entonces, parecería extraño que podamos decir eso. Pero quiero decir que luego del año 2000, de la caída del fujimorismo, ha habido algunas reformas importantes que creo pasarían inadvertidas si le llamamos a todo este periodo simplemente ‘fujimorismo’. Por ejemplo, la descentralización que se puso en marcha desde el 2002, la creación de la Sunedu, los programas sociales de transferencia monetaria, creo que hay reformas interesantes de analizar.

A propósito de la descentralización, se ha comentado una posible separación del sur con el resto del país. ¿Hubo etapas históricas donde apareció este debate?

Sí. De hecho, poco después de la Independencia había ciertas tendencias centrífugas de territorios. Por ejemplo, los del sur andino, que se sentían más próximos al antiguo Alto Perú, lo que hoy es Bolivia. O ciudades como Cusco y Arequipa que rechazaban que Lima siguiera siendo la capital. Y cuando se planteó el proyecto de la Confederación Peruano Boliviana. Y ha habido intentos secesionistas de Loreto en 1896 y en 1921, al comienzo y final de la era del caucho. Pero diría que han sido intentos relativamente débiles. Creo que uno de los pocos logros de la República ha sido mantener la integridad territorial de lo que fue el virreinato del Perú, con la excepción de la pérdida de Arica y Tarapacá. Es algo que no ha pasado en otros países. El Virreinato del Río de la Plata se fragmentó en cuatro países, Paraguay, Bolivia, Argentina y Uruguay. Y la Federación Centroamericana también se fragmentó.

El historiador Antonio Zapata afirma que las últimas elecciones demostraron que no hay un escenario de Lima contra el sur, sino que es la parte norte del Perú, Lima y una parte de la selva, Iquitos, que vota más o menos igual, contra el sur. ¿Concuerda con ello?

Te diría que sí… Y se ha presentado antes. Paul Gootenberg, por ejemplo, el historiador norteamericano, tiene un artículo con el subtítulo “la guerra de secesión en los Andes”, haciendo una especie de paralelo con la historia de los Estados Unidos, donde tenías el norte capitalista y el sur esclavista y resolvieron sus diferencias en la famosa guerra civil del siglo XIX. Algo así habría existido en el Perú desde tiempos incluso prehispánicos, en el que tenemos un norte con valles agrícolas muy fértiles y por el hecho de estar al lado del mar ha tenido una proyección comercial mayor. En cambio, las tierras del sur andino son más bien tierras de pastores. Entonces, tenemos una civilización agrícola y una civilización más bien de pastores nómadas, no tan vinculados al comercio, por las dificultades de la geografía. Otro ejemplo a tener en cuenta es la guerra de la Confederación Peruano Boliviana. Es cierto que hay una fragmentación, un clivaje, pero creo que en ciertas etapas ha disminuido. Candidatos como Alan García en su mejor momento o el propio Fujimori en el 95 alcanzaron votaciones muy altas en casi todo el territorio. Pero es cierto que salvo esos momentos, de raro consenso, podríamos decir que en nuestra historia hay una escisión, un clivaje, que tenemos ahí.

¿Esa idea de separación está latente en el discurso de los dirigentes regionales? ¿Sería también una muestra de que la descentralización es un proceso inconcluso?

Sin duda, la descentralización no muestra buenos resultados, pese a que fue una reforma que había que hacer. Probablemente la forma en que se hizo no fue la mejor. Yo hubiera apostado, por ejemplo, por una reforma que ponga más el acento en lo económico que en lo político, como fue la de Cáceres después de la Guerra del Salitre. Pero se escogió una reforma que empieza por el modelo político. Y lo económico se comenzó a hacer a cuentagotas, no termina de hacerse. Es importante que tanto el poder político como económico se descentralicen.

Entonces, ¿ve posible el pedido de que la capital se ubique en otro lugar que no sea Lima?

No lo veo posible, la verdad. Simbólicamente, podría hacerse, igual que Bolivia tiene como capital Sucre, pero para todo La Paz es la capital...

Algo así planteó García en su primer gobierno, que la capital se ubicara en el Valle del Mantaro. Pero un traslado de todo el aparato del Estado me parece muy difícil, incluso los intentos de cierta descentralización política como cuando se creó el Tribunal de Garantías Constitucionales, a fines de los 80 y se estableció que funcione en Arequipa, quedó en nada, y el TC hoy funciona en la capital... Además, el tamaño demográfico de Lima y la infraestructura con que se la está dotando -en este momento se está duplicando el tamaño del aeropuerto y se construye el metro subterráneo- hará más difícil que la capital puede estar en otro lado.

La politóloga Zaraí Toledo decía que más que analizar el voto de las regiones, se debe examinar el de Lima porque casi siempre es más de defensa del estatus quo.

Es cierto que Lima históricamente es una ciudad conservadora. Creo que su herencia como submetrópoli del imperio español le pesa mucho y por eso en la época de la Independencia Lima no fue campeona por la libertad que digamos, fue una sociedad remolona, que solo se suma a la Independencia cuando no hay nada que hacer. Yo explico el conservadurismo limeño también por el hecho de que el tejido social de un país como el Perú, un país poscolonial, en el que tienes clases sociales muy diferenciadas en lo económico, en lo racial, en los derechos políticos y sociales... esa polaridad y variedad social hace que la capital tienda a ser muy conservadora como reacción ante un tejido tan explosivo, llamémosle así. Con todo, Lima ha mantenido la capitalidad pese a su conservadurismo. Creo tiene que ver con su ubicación geográfica, su poder financiero, con cierta protección del sistema económico mundial, del capitalismo internacional. Lima trata de mantener el estatus quo porque se beneficia de ello.

Este año ha sido muy convulsionado. ¿Hay otras etapas semejantes a lo visto y vivido?

Por ejemplo, en lo que es enfrentamiento entre presidente y Congreso y en el que el presidente pierde, me recuerda a la caída de Billinghurst, en 1914. Un empresario salitrero, ajeno a los círculos de poder económico de Lima -eso tenía en común con Castillo-, pero del partido pierolista. Y tenía un Congreso opositor dominado por el Partido Civil que representaba la oligarquía limeña principalmente. Y estaban en el juego del yo te vaco, tú me vacas. Y, claro, Billinghurst se quiso adelantar disolviendo al Congreso para lo que quería crear una guardia militar paralela. Pero el Partido Civil, en alianza con los militares, lo derrocaron e instalaron al príncipe del Partido Civil, José Pardo. Ciertamente, el civilismo estaba muy debilitado. Vino luego el Oncenio de Leguía que resolvió, podríamos decir, la crisis de forma autoritaria… Bueno, ese podría ser el desenlace aquí, que venga un líder autoritario a buscar un consenso, aunque no se ve quién en este momento. A López Aliaga no le veo mucho esa posibilidad...

Keiko Fujimori…

En este momento, no parece... Quizás tendría que esclarecerse mejor sus asuntos judiciales.

En el Bicentenario parece que la clase política no aprendió mucho de historia. Siguen las desigualdades, hay furia contenida...

No sé si tenemos clase política, el término le queda muy grande. Tenemos personajes con aspiraciones políticas. Una carencia es la de partidos organizados y esa crisis de los partidos hace que pensar en reformas de largo plazo no asome en el horizonte. Por ejemplo, me parece clave una reforma tributaria, pero si no hay un gobierno con por lo menos un 50 % de aceptación ciudadana, olvidémonos de eso.

La clase dirigente ¿sigue decepcionando?

Ha habido momentos en que la clase dirigente ha defraudado la confianza del país. El episodio de la guerra con Chile, que llamo la Guerra del Salitre para poner en evidencia el motivo de la guerra, es uno de los más claros. Pero ha habido momentos en que la clase dirigente ha hecho buena labor. Por ejemplo, la reconstrucción después de la guerra fue un proceso heroico, meritorio, que se consigue con pocos recursos. No quiero decir que tengamos una clase empresarial estupenda, pero no me sumaría al cargamontón de quienes creen que el problema del Perú es su clase dirigente. Tenemos una clase dirigente normal, ni peor ni mejor que la de otras partes del mundo.

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