
Volver a la disciplina requiere restaurar el vínculo entre el presupuesto, las reglas fiscales y la planificación multianual. Exige voluntad política, liderazgo técnico y responsabilidad. Cumplir las reglas no debería ser una aspiración; debería ser lo mínimo.

Cuando el Congreso tiene vía libre para introducir gastos sin contrapesos, los riesgos aumentan

La alta rotación de ministros de Economía es, por sí sola, un problema serio. Pero en el caso peruano, sus efectos se agravan al coincidir con otras dos debilidades estructurales.

La política pública no debe ser víctima de la polarización extrema. La simplificación de los debates en términos de absolutos impide encontrar soluciones viables y sostenibles.

No podemos seguir celebrando cambios de nombre como si fueran logros históricos. Las autoridades deberían ser aplaudidas únicamente cuando veamos resultados concretos y medibles: reducción de la desnutrición infantil, disminución de la anemia y mejoras en el rendimiento escolar.

Mientras que Perú exporta principalmente cobre en concentrados, con un valor limitado, Chile refina gran parte de su producción y exporta cerca de $20 mil millones en cobre refinado, aproximadamente ocho veces más que lo que nosotros logramos procesar.

El déficit fiscal —la diferencia entre lo que el Estado gasta y lo que recauda— ha alcanzado un preocupante 4% del Producto Bruto Interno (PBI), uno de los niveles más altos desde 1995. Además, en 2023, rompimos nuestra regla fiscal por primera vez en 22 años

En el Perú, lo que deberían ser emergencias acaban siempre en crisis

“La propuesta de crear un Ministerio de Infraestructura parece más una solución apresurada que una respuesta bien fundamentada a los desafíos en la planificación y ejecución de la infraestructura pública”.

“En más de medio año, el Gobierno solo ha ejecutado el 36% del presupuesto para inversión pública”.