
A puertas de las elecciones en Perú, surge la reflexión sobre la responsabilidad de los ciudadanos al elegir a los administradores de un Estado que no entendemos del todo.

Venezuela, como la URSS de 1991 pero con un twist mafioso, enfrenta la doble cura del cuerpo estatal y del capital ilícito que lo parasitó. Su desenlace no se juega solo en Caracas, sino en la capacidad del sistema internacional de admitir que la soberanía no puede proteger al crimen y que la apertura de una sociedad poshíbrida pasa indispensablemente por redirigir la fuerza hacia la ley y la cooperación con base en el mandato popular que opera en los resultados del voto directo, universal y secreto.

¿Por qué pensar que lo que ocurre con la crisis actual no es más de lo mismo? Porque solo queda el garrote, mientras el desmantelamiento se lleva por delante al propio chavismo de base