
En la península de Kola, Rusia, existe una excavación que alcanzó una profundidad de 12.262 metros bajo la superficie terrestre. El proyecto, conocido como pozo superprofundo de Kola, buscaba estudiar la corteza terrestre y comprender cómo se formó y evolucionó. Sin embargo, las condiciones que encontraron los investigadores impidieron que alcanzaran la profundidad prevista.
La excavación se prolongó durante unos 20 años, hasta que las temperaturas extremas dificultaron el trabajo de los equipos. A esa profundidad, las rocas alcanzaron aproximadamente 180°C, casi el doble de lo que los científicos habían calculado. Aunque el agujero tiene apenas 23 centímetros de diámetro y permanece cubierto y soldado, conserva el récord del agujero más profundo alcanzado mediante perforación vertical.
El proyecto soviético buscaba perforar tan profundo como fuera posible, según informa Scientific American. Los investigadores esperaban llegar a unos 14.500 metros, pero el pozo se detuvo en los 12 km. La excavación permitió estudiar rocas de aproximadamente 2.700 millones de años, situadas en las profundidades de la corteza terrestre.
Comparativas de profundidades en la Tierra. Foto: X
La perforación concluyó en 1992 y el emplazamiento quedó abandonado alrededor de una década después. Desde entonces, otras operaciones superaron esa longitud: el campo petrolero de Al Shaheen, en Qatar, alcanzó los 12.289 metros, mientras que un pozo del proyecto Sakhalin-1, cerca de una isla rusa del mismo nombre, llegó a los 12.345 metros. Sin embargo, esas cifras corresponden a la longitud de sus trayectorias, que pueden incluir tramos horizontales. El pozo de Kola conserva el récord de profundidad vertical.
El principal obstáculo apareció cuando los instrumentos registraron temperaturas cercanas a los 180°C. El calor superó las previsiones iniciales y alteró el comportamiento de los materiales que los ingenieros necesitaban para continuar con la excavación.
Las altas temperaturas deformaban las brocas y las tuberías, mientras que las propias rocas adquirían una consistencia más maleable. Los científicos soviéticos describieron aquel comportamiento como algo más parecido al plástico que a la roca sólida. Estas condiciones hicieron inviable continuar hasta la profundidad deseada y obligaron a detener las operaciones en 1992.
La perforación de Kola formó parte de una competencia científica y tecnológica que algunos compararon con la carrera espacial. En Estados Unidos, el proyecto Mohole comenzó en 1958 con el propósito de alcanzar el límite entre la corteza terrestre y el manto bajo el océano Pacífico, frente a México. Sin embargo, el Congreso retiró los fondos en 1966, cuando la excavación apenas había llegado a 183 metros.
Alemania también desarrolló un programa de perforación continental en Baviera. A principios de la década de 1990, sus investigadores alcanzaron unos 6 millas de profundidad y encontraron temperaturas de aproximadamente 600°F. La falta de financiación terminó por detener ese proyecto.
Otras perforaciones responden a objetivos distintos. Algunas permiten extraer petróleo, gas y metales; otras facilitan investigaciones científicas. En la Antártida, el observatorio IceCube utiliza detectores instalados a gran profundidad en el hielo para estudiar neutrinos, partículas subatómicas difíciles de detectar. Estos experimentos muestran que excavar bajo la superficie terrestre no solo permite explorar recursos: también abre una ventana al conocimiento del planeta y del universo.