Proyecto Vilavilani II, la manzana de la discordia entre Tacna y Puno [VIDEO]

Disputa del agua. Tacna tiene una agroindustria próspera cuyo talón de Aquiles es la falta de agua. Con Vilavilani II pretenden trasvasar más de 500 litros por segundo de las serranías, límite con Puno. Las comunidades altoandinas temen por sus bofedales que según estas se secarán por el traslado del recurso hídrico. 

9 Oct 2017 | 10:39 h

Un río divide los territorios de Tacna y Puno. Aguas arriba se llama Ancoaque y aguas abajo Maure. La margen derecha le corresponden a Tacna y a los puneños la izquierda. 

El uso del agua se ha convertido en una fuente de disputas entre estas dos regiones. Tacna quiere trasvasar más de 500 litros por segundo para atender a la agricultura y consumo humano. Los comuneros puneños se oponen. Argumentan que el proyecto Vilavilani II secará bofedales donde crían su ganado auquénido, único medio de subsistencia.

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La República llegó hasta esta cabecera de cuenca, localizada a más de cinco mil metros de altura. Allí se aprecian enormes campos en donde efectivamente pastan cientos de alpacas. En el día, la radiación calcina la piel. Por las noches, la temperatura desciende hasta menos 18 grados bajo cero. Por este lugar pasa el penal de Challapalca, uno de los reclusorios que alberga a delincuentes de alta peligrosidad.

“Conozco bien la zona de cordillera y sé que si las aguas se trasvasan a Tacna nuestros bofedales desaparecerán. También los de nuestros paisanos tacneños que viven cerca. Ese proyecto debe paralizarse”.

La declaración corresponde a Bernabé Ordóñez, presidente del Comité de Lucha por el Agua del distrito de Capazo, zona alta de la provincia de El Collao-Ilave.

Vilavilani II abre un nuevo conflicto entre regiones vecinas por el agua, escasa en estas épocas de cambio climático. Hay varios episodios que refuerzan la tesis que pronto  tendremos un escenario de guerra por el agua.

Años atrás Cusco se opuso al proyecto Majes, que represará el río Apurímac. El entuerto tuvo que resolverlo el Tribunal Constitucional.

  La represa de Paltiture es otra de las manzanas de la discordia entre Arequipa, Puno y Moquegua. El embalse construido en la frontera de Puno y Moquegua era para el valle de Tambo. Las autoridades del Altiplano sostienen que las cuencas para esa represa están en su territorio; mediante una medida cautelar lograron paralizar el proceso.

 Puno y Moquegua también están enfrentados por la represa de Pasto Grande. El espejo de agua está en el límite de ambas regiones. Puno dice que le pertenece.

“Con todos estos hechos lo que quieren las regiones vecinas es llevarse las aguas de la cordillera puneña en perjuicio de quienes vivimos en la altura solo de la crianza de alpacas. Eso no lo vamos a permitir”, asegura Ordoñez.

 Tanto campesinos puneños como tacneños rechazan el proyecto. El miedo es el mismo. Temen que sus bofedales se sequen cuando se derive el agua a la costa para atender la demanda agrícola. 

DOS PUNTOS 

El proyecto Vilavilani II fase I supone la captación de agua desde dos puntos (ver infografía).

 El primer componente considera la construcción de la bocatoma de Vilachaullani, margen derecho del río Ancoape. Los riachuelos de las zonas de cordillera de ambas regiones son tributarios de la  cuenca, aunque el PET sostiene que todos los afluentes nacen en  territorio tacneño. Empero, esta discusión es estéril, pues ninguna región es dueña del agua. El Estado es propietario del recurso.

 Desde la bocatoma se instalará una tubería subterránea que recorrerá 42 kilómetros hasta empalmar con el canal de Calachaca Tramo II en el sector de Titijahuani. Ahí el agua ingresará al sistema de canales que transportan agua hacia Tacna.

 Según el Proyecto Especial Tacna (PET), el canal tendrá una capacidad de mil litros por segundo pero solo tienen previsto llevar 600 litros por segundo. Los campesinos no les creen. "Se van a llevar los mil litros”, dice Ordóñez. 

Tacna ya utiliza las aguas del río Ancoaque desde 1996. Trasvasa 500 litros por segundo que ingresan al túnel de Kovire. Ese recurso sirve para tres cosas: regar bofedales, dar agua a comunidades aledañas y afianzar la Laguna Aricota. La segunda etapa de Vilavilani pretende aprovechar ese esquema para llevar 390 l/s por la tubería subterránea Vilachaullani-Calachaca-Chuapalca. No se tocará una  gota más de agua.

Los comuneros no les creen.

TEMOR POR BOFEDALES

Los ojos de Copapujo es el segundo componente de captación de agua. Este sector es una enorme planicie en la zona de Tacna, a pocos kilómetros de la frontera con Puno. Allí existen ojos de agua que brotan a la superficie. Según la Subgerencia de Recursos Naturales y Medio Ambiente del Gobierno Regional de Puno, la zona es un bolsón subterráneo alimentado por la cordillera de Puno y Tacna. El líquido elemento que sale a la superficie termina siendo también tributario del río Maure.

Según el PET, las aguas que brotan a la superficie en un promedio de 243 l/s serán bombeadas a la bocatoma de Vilachaullani, entre abril y diciembre.

 “Si eso ocurre, definitivamente en el tiempo se van a secar nuestros bofedales. Nosotros no queremos eso. Qué va a ser de nosotros sin agua en nuestros bofedales. Nos quedaría morirnos a nuestra suerte. Los daños no se van a ver ahora. Se va a ver en el tiempo”, dijo Bernabé Ordóñez.

 Similar es la posición de pobladores de Tarata. Genaro Alave Yahuara dice que los pretenden engañar. El trasvase de aguas de las zonas altas de Maure y el bombeo de aguas de Copapujo serán perjudiciales.

 El exintegrante del directorio del Proyecto Especial Tacna (PET) y exalcalde de la provincia andina de Tarata, Víctor Martínez Villalobos, rechazó Vilavilani II. Teme por los bofedales alimentados por  las aguas de esa cuenca.

 En el centro poblado de Kallapuma, la posición es más sólida. Los pobladores no olvidan el ataque del que fue objeto Eulalia Coaquera Mamani, vicepresidenta de la comunidad, por parte del gobernador Omar Jiménez en junio último. Anunciaron medidas en alianza con su pares de Puno.

 El alcalde del distrito de Capaso, Jesus Gregorio Tuco Catunta, señaló que su población ya le declaró la guerra por el agua de Tacna. Advirtió que el proyecto no va. El gobernador regional Juan Luque se aunó a ello. Se viene una gran movilización entre puneños y tacneños contra Vilavilani II.

 El gobernador Omár Jiménez se presentó al Consejo Regional de Puno para convencer sobre los beneficios del proyecto, apelando a que el 80% de tacneños son naturales de Puno, pero fue rechazado. 

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